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El sello de Alejandro Fernández
El prestigioso bodeguero vallisoletano traslada con éxito su fórmula de Pesquera a sus otras tres bodegas de Roa, Zamora y Ciudad Real
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| El bodeguero Alejandro Fernández. |
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HAño 1972. El joven Alejandro Fernández, natural de Pesquera de Duero (Valladolid), hace realidad un sueño largamente perseguido: crear su propia bodega en su pueblo natal, que se plasmó tres años más tarde con la elaboración de su primer vino, Tinto Pesquera, hoy conocido internacionalmente. Ésta fue sólo la primera piedra de un proyecto que actualmente se sustenta en cuatro pilares: la bodega madre en la citada localidad vallisoletana; Condado de Haza, en la Ribera del Duero burgalesa; Bodegas y Viñedos Fernández Rivera, en Vadillo de la Guareña (Zamora); y El Vínculo, en Campo de Criptana (Ciudad Real), con vinos acogidos a la Denominación de Origen La Mancha. En la actualidad, el Grupo Pesquera cuenta con una producción anual de dos millones de botellas y controla 500 hectáreas de viñedo. Alejandro Fernández ha demostrado ser el Rey Midas del mundo del vino, al convertir en oro los proyectos y las zonas en las que ha desembarcado, en las que ha contribuido de forma decisiva a incrementar su prestigio.
Más de tres décadas después del inicio de ese sueño y desde la atalaya que le otorgan su experiencia y el reconocimiento internacional cosechado por sus vinos, con sus marcas sólidamente posicionadas en todos los mercados mundiales, el bodeguero vallisoletano no piensa en la retirada. Yo descanso trabajando, en mis bodegas soy feliz y mientras tenga salud, permaneceré al frente del negocio, señala, si bien apunta que sus cuatro hijas, que trabajan junto a él, representan una ayuda inestimable en la gestión de las bodegas, en especial Eva, que desde hace cuatro años se encarga de las vendimias y de la elaboración de las cosechas: los dos formamos un equipo, ella aporta la innovación y yo la tradición. Su agenda constata su frenética actividad, puesto que EE UU, México y Rusia se encuentran como próximos destinos. Su fortaleza física le permite afrontar este maratoniano calendario. El vino es salud. Yo nunca he tomado ni una aspirina y bebo una botella diaria, precisa. No en vano, la palabra trabajo es una constante en su discurso.
Empresario hecho a sí mismo
La historia de Alejandro Fernández es la del empresario hecho a sí mismo. A pesar de que su relación con el mundo del vino le viene desde la niñez, puesto que sus padres poseían pequeños viñedos con los que elaboraban caldos, antes de fundar su primera bodega trabajó como agricultor hasta los 16 años y posteriormente ejerció como carpintero. En su mente siempre mantuvo viva la esperanza de hacer dinero con su trabajo para poder dedicarse algún día a su gran pasión, la elaboración de vinos de calidad. Y lo consiguió. Su carácter innovador le empujó al negocio de la maquinaria agrícola, en el que posee tres patentes. Esta actividad le permitió reunir sus primeros ahorros, que dedicó a comprar tierras y plantar viñedos. En 1972 constituyó la bodega y tres años después vio la luz el primer Tinto Pesquera. En su pueblo natal, con 220 hectáreas de viñedo elabora sus Tinto Pesquera Crianza, Reserva y Gran Reserva, que fueron decisivos para el espectacular despegue de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Sin Alejandro y un reducido grupo de bodegas, no se entendería el fenómeno ribereño. Sólo en las cosechas excepcionales produce un número muy limitado de Janus, tal vez la joya de la corona que únicamente ha elaborado en cuatro añadas, aunque reconoce que entre sus vinos no tiene preferencias y que todos ellos son mis hijos.
Años más tarde, en 1987, crea Condado de Haza, su primera bodega en el campo rodeada de viñedos al estilo de los châteaux franceses, en Roa (Burgos), dentro de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Condado de Haza Crianza y Reserva son los dos vinos que elabora en las 200 hectáreas de viñedo. La primera cosecha que se comercializó a plena escala fue la de 1994. Esta bodega también cuenta con una perla, llamada Alenza, un vino que guarda la tradición, al conservar los métodos antiguos de elaboración.
Tuvo que pasar más de una década desde su llegada a Roa para que Alejandro Fernández se embarcase en la aventura de constituir nuevas bodegas, en este caso fuera de su tierra. En 1998 compró una finca en Vadillo de la Guareña (Zamora), antigua bodega y ganadería de reses bravas de más de 800 hectáreas, de las que 110 se han plantado de viñedos para elaborar un único tipo de vino, denominado Dehesa La Granja, que pasa 24 meses en barricas de roble y uno más en botella. Este proyecto, cuyo nombre es Bodegas y Viñedos Fernández Rivera, merece una mención especial por las peculiares características de la bodega, que es una construcción centenaria con 4.500 metros cuadrados de galerías subterráneas de 320 años, visitadas en más de una ocasión por el monarca Alfonso XII, según cuenta el propio Fernández. Las condiciones de esta red de galerías provocan una lenta evolución de los vinos. El empresario de Pesquera no quiso entrar en la Denominación de Origen Toro, ya que los vinos que aquí elaboramos tienen unas características diferentes a los toresanos.
En Castilla-La Mancha
Una vez consolidados los proyectos anteriores, el bodeguero colmó otra de sus grandes aspiraciones, la de crear un vino en Castilla-La Mancha. Cuando viajaba a esa zona para vender maquinaria agrícola, antes de entrar en el mundo del vino, ya pensaba que algún día haría un gran vino en aquellas tierras, explica. Su admiración por esta comarca vitivinícola y sus viñedos queda reflejada en la contraetiqueta de las botellas de El Vínculo, nombre de los vinos y de la propia bodega, en honor a la que sus antepasados poseían en Pesquera de Duero, del mismo nombre. El proyecto de Alejandro Fernández en Campo de Criptana (Ciudad Real) tiene un alto componente sentimental, como él mismo reconoce. En cualquier caso, la llegada del bodeguero vallisoletano a tierras manchegas hace más de un lustro representó una revolución, que ha contribuido a modificar los procesos de elaboración y a relanzar esta Denominación de Origen, otrora denostada. Bajo la marca de El Vínculo se comercializan crianzas y reservas, de 16 y 24 meses de barrica de roble, respectivamente. Además, la última cosecha ha alcanzado unas cotas de calidad tan altas que los vinos llevarán el calificativo de Cosecha Especial 2004.
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