25 años de Castilla y León Económica, un azar incesante

Por: Alberto Cagigas
25 aniversario, castilla y León Económica, empresas, periodismo, prensa.
Portada del número especial 25 Aniversario de la revista Castilla y León Económica, publicado en mayo.

En una reciente conferencia ante alumnos de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), un estudiante me preguntó qué cualidades debían atesorar para ser empresarios. Sin dudarlo, le respondí que vocación y pasión, porque si alguno de estos universitarios decidía montar su propio negocio tenía que ser consciente de que ésa sería su labor durante las 24 horas los 365 días del año. Sólo si te entusiasma el noble oficio de desarrollar un proyecto empresarial podrás afrontar los envites de un mundo que gira más deprisa de lo que muchos resisten y en el que atónitos y baqueteados, hay quienes piensan como el escritor mexicano Carlos Monsiváis: “o ya no entiendo lo que está pasando o ya no pasa lo que estaba entendiendo”.

Castilla y León Económica se fundó hace 25 años, que han sido un puro suspiro. Sin saberlo, en aquella época compramos un billete para subirnos a una montaña rusa de la que todavía no hemos bajado, ni queremos hacerlo. Cuando se publicó el primer número de esta revista salíamos de una crisis provocada por la elevada deuda pública por los fastos del 92, después vivimos una época de crecimiento galopante envidiado por toda Europa, que derivó en una economía afiebrada, hasta que llegó la crisis de 2007 provocada por el colapso del sistema financiero de EE UU debido a las hipotecas subprime. Tras un duro ajuste de las economías más desarrolladas del planeta, empezamos una tímida recuperación, hasta que nos contagió una mortal pandemia importada de la lejana China, que entre otros históricos titulares, provocó la mayor caída del PIB español en tiempos de paz. Casi nada.

Pesetas y duros

A ver cómo le explicas a los jóvenes que este medio de comunicación se constituyó cuando Internet apenas era utilizado, los pesados teléfonos móviles con un diseño y tamaño similar a una caja de zapatos sólo estaban al alcance de unos pocos, aún manejábamos pesetas y duros -con los que mentalmente sigo calculando los precios por imposición de mis nostálgicas neuronas-, no existían las redes sociales (habría que esperar casi una década para Facebook y Twitter), faltaban 2 años para que se fundara Google y hacía poco tiempo que un tal Jeff Bezos realizaba las primeras ventas online de libros desde un espartano garaje a través de una empresa con el curioso nombre fluvial de Amazon.

El schumpeteriano concepto de la destrucción creativa del capitalismo (ya saben, los procesos innovadores en las economías de mercado impulsados por los emprendedores son los que empujan el crecimiento de las sociedades, aunque para ello se lleven por delante a vetustas empresas, sectores y modelos de negocio incapaces de adaptarse a las cambiantes circunstancias) nunca se ha mostrado con tanto esplendor como en este último cuarto de siglo, al menos para los que hemos vivido en esta época (claro, que lo mismo pensarían los testigos de la caída del Imperio Romano, el Descubrimiento de América, la Revolución Francesa o de las 2 guerras mundiales). Por ejemplo, en Castilla y León hemos visto desaparecer sectores antes estratégicos como la minería o las cajas de ahorro y hundirse grandes empresas (prefiero omitir nombres) que antes ocupaban los primeros puestos del ranking de las mayores compañías. Pero dejémoslo ahí, porque, parafraseando a Nietzsche, un exceso de memoria daña la vida.

Transformación

En este alocado y ahora pandémico período de la historia, y cuándo no lo es, nuestro sector, el de los medios de comunicación, ha experimentado, como muchos otros, su mayor transformación por la irrupción de los formatos digitales, las redes sociales, los nuevos hábitos de consumo de los lectores a través de tabletas y móviles y la brusca caída de la publicidad durante las crisis de 2007 y 2020. Como tantos otros negocios, hemos sido sacudidos, o mejor dicho en nuestro caso espoleados, por fenómenos como la digitalización. De una revista de papel hemos pasado a tener web y perfiles en redes sociales y a organizar eventos para poner en valor nuestros 2 principales productos: la información empresarial y nuestra extensa red de contactos.

Para afrontar estos trémulos y desafiantes tiempos, los seres humanos disponemos de la mejor herramienta del reino animal: nuestra insensata destreza para abordar las amenazas. Por si aún queda algún despistado en la sala, nos encontramos en una nueva era donde ya nada es seguro, ni en la vida personal ni mucho menos en el mundo empresarial. El poeta Eloy Sánchez Rosillo lo explica mejor que miles de gurús económicos: “Es verdad que el vivir/todo lo muda. Y sucedieron cosas/plácidas o revueltas, e incluso, en ocasiones,/duras y amargas. Existir es eso:/un azar incesante”.

Castilla y León Económica

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