Con motivo del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, con la colaboración de 16 empresas, presenta el 13º informe #EmpleoParaTodas: la mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral.
Las mujeres mantienen, en términos generales, una relación más frágil y discontinua con el mercado laboral, tal y como reflejan de forma consistente los principales indicadores de empleo. En primer lugar, la tasa de actividad femenina continúa situándose 10 puntos porcentuales por debajo de la masculina (49% frente al 59%), lo que implica que más de la mitad de las mujeres en edad laboral (51%) no tiene empleo ni lo busca, frente al 41% de los hombres.
El 55% de los desempleados
Asimismo, las mujeres representan el 55% de las personas desempleadas en Castilla y León, es decir, más de la mitad de la fuerza laboral disponible es femenina. Sin embargo, esta sobrerrepresentación en el desempleo contrasta con su menor presencia entre la población ocupada, donde solo el 45% de las personas con empleo son mujeres.
Las mujeres con discapacidad, mayores de 45 años en desempleo de larga duración, con responsabilidades familiares no compartidas y/o víctimas de violencia de género parten de una situación de mayor vulnerabilidad, que se ve agravada con el desempleo. Esta combinación incrementa su exposición al riesgo de pobreza y/o exclusión social. En este contexto, el 95% identifica el empleo como el principal activo para revertir la situación de vulnerabilidad y mejorar sus condiciones de vida; sin embargo, solo 3 de cada 10 confía en poder acceder a un trabajo estable a lo largo del presente ejercicio.
Situación de vulnerabilidad
Las mujeres en situación de vulnerabilidad presentan una baja intensidad laboral. En concreto, cerca de la mitad (47,6%) ha trabajado por debajo del 20% de su capacidad laboral en los 2 últimos años, lo que equivale a haber trabajado menos de 5 meses en dicho periodo. Esta baja intensidad laboral encuentra su máxima expresión en la cronificación del desempleo, siendo más acusada entre las mujeres sénior (62% supera el año sin trabajo); seguidas de las mujeres con discapacidad (60%), las mujeres al frente de una familia monoparental (53,2%) y las víctimas de la violencia de género (45%).
15º informe Arope
Esta relación más inestable con el empleo tiene una clara consecuencia: un mayor riesgo de pobreza y/o exclusión social. Así, en Castilla y León el 24% de la población -en torno a 574.000 personas- se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, según el 15º informe Arope sobre el Estado de la pobreza en España. Esta proporción es más elevada entre las mujeres, alcanzando el 25,2%, frente al 22,8% en el caso de los hombres, lo que se traduce en 305.000 de mujeres y 268.000 hombres en situación de vulnerabilidad social.
El estudio se basa en el análisis de una encuesta realizada a 450 mujeres en búsqueda activa de empleo que se encuentran en situación de vulnerabilidad social. En concreto, han participado mujeres pertenecientes a uno o varios de los siguientes grupos: con discapacidad, mayores de 45 años desempleadas de larga duración, con responsabilidades familiares no compartidas (monoparentalidad) y/o víctimas de la violencia de género.
Además, el informe se ha complementado y contextualizado con los datos del 15º informe Arope sobre el Estado de la Pobreza (EAPN), así como con otras fuentes oficiales como el INE y su Encuesta de Población Activa.
Desigualdades estructurales
Según Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco, las mujeres “soportan un mayor riesgo de pobreza y exclusión social como resultado de desigualdades estructurales estrechamente vinculadas al mercado laboral. Sus mayores tasas de desempleo, su concentración en trabajos a tiempo parcial o con menor remuneración, junto con trayectorias laborales más interrumpidas por la asunción mayoritaria de responsabilidades de cuidado, reduce su capacidad de generar ingresos estables y derechos de protección social. A ello se suma una mayor exposición a situaciones de vulnerabilidad como la monoparentalidad o la violencia de género. Estas circunstancias limitan la autonomía económica de las mujeres, situándolas en una posición de mayor fragilidad frente al riesgo de pobreza y exclusión social, especialmente en contextos de desempleo o crisis económica, donde acostumbran a convertirse en víctimas dobles”.
Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, concluye: “Resulta imprescindible avanzar desde una lógica de corresponsabilidad entre los distintos agentes sociales. La Administración Pública debe reforzar e impulsar políticas activas de empleo eficaces, inclusivas y adaptadas a las realidades de las mujeres en situación de vulnerabilidad; las empresas han de integrar de forma decidida estrategias de diversidad, equidad e inclusión (DEI) que eliminen barreras en el acceso, la permanencia y la promoción del talento femenino; y el tejido asociativo debe seguir desempeñando un papel esencial de acompañamiento desde la cercanía, ofreciendo apoyo personalizado, continuidad en los itinerarios y una atención integral que facilite una inclusión laboral real y sostenible”.
Castilla y León Económica