Aunque Bernabé Campal se constituyó como sociedad mercantil en los años 80, sus orígenes se remontan a hace 6 décadas, cuando los socios de esta compañía con sede en la localidad salmantina de Huerta comenzaron su andadura en el sector de la agroalimentación. En la actualidad, su actividad se centra en la comercialización al por mayor de cereales, legumbres, fertilizantes, fitosanitarios y semillas, entre otros productos, tanto para alimentación animal como humana; así como a ofrecer diferentes servicios, como selección de cereal y legumbre, secado de maíz y girasol y actividades logísticas de almacenaje y transporte.
Con un ámbito de actuación nacional, pero sin perder de vista lo local, la compañía facturó 344 millones en la campaña 2024-25, cuenta con una plantilla de 133 trabajadores y dispone de una amplia red de almacenes en las provincias de Salamanca, Zamora, León, Valladolid, Segovia y Ávila con un total de 100.000 metros cuadrados construidos y una capacidad de almacenamiento de 400.000 toneladas. Los mercados exteriores no son relevantes en el negocio de Bernabé Campal, con ventas puntuales en Portugal y el sur de Francia que no superan el 1% del total.
“Nuestro objetivo es lograr la plena satisfacción de nuestros clientes y proveedores mediante una oferta de productos y servicios de calidad, con la certeza de que, sin su apoyo y sin nuestro esfuerzo diario, no habríamos llegado hasta el lugar de privilegio donde hoy nos encontramos”, subraya Pedro Campal, consejero delegado de Bernabé Campal.
Consolidar la expansión
El objetivo del plan estratégico de esta compañía se centra en consolidar su expansión de los últimos años para mantener su crecimiento. Así, potencia su Área Agro en las provincias de Salamanca, Zamora, León, Segovia, Valladolid y Ávila, impulsa el comercio de cereales a nivel nacional y optimiza la gestión logística, gracias “a un equipo humano profesional, joven y con experiencia”. Asimismo, realiza una importante apuesta por la calidad, la sostenibilidad y la digitalización.
“Los márgenes con los que trabajamos obligan a las compañías que intervenimos en la intermediación entre productor y consumidor final a aportar un valor que nos diferencie de otras empresas que operan en este sector de comercio. Por ello, ofrecemos un servicio integral a nuestros clientes, logística de almacenamiento y transporte, financiación de ventas e información y asesoramiento sobre los mercados de materias primas agrícolas”, aclara el CEO.
Incertidumbre comercial
Campal explica que el sector cerealista español afronta 2026 desde una paradoja: abundancia productiva global y creciente incertidumbre comercial. En este sentido, comenta que el mercado a nivel internacional se caracteriza por récords de producción, demanda moderada y stocks elevados, lo que ha comprimido precios y márgenes en toda la cadena. Sin embargo, la cosecha española 2026-27 se prevé significativamente menor tras 2 campañas récord debido a una menor superficie sembrada y a las condiciones climáticas adversas, lo que obliga a replantear la planificación de suministros.
“La geopolítica ha dejado de ser ruido de fondo para convertirse en variable de precio. La guerra en Ucrania, las tensiones en el Golfo Pérsico y la guerra comercial de Trump redistribuyen flujos globales y sacuden los mercados internacionales con una volatilidad que el sector nunca había gestionado a esta escala. Ucrania y Argentina presionan precios en terceros mercados, el agricultor retiene grano ante la falta de señales claras y la distancia entre compradores y vendedores se mantiene”, expone Campal, que plantea: “en este entorno, el comercializador que sobrevive es el que combina inteligencia de mercado en tiempo real, músculo logístico y capacidad de operar en derivados. Ya no basta con comprar y vender cereal: hay que saber leer el mundo”.
Además de esta visión global de su sector, el empresario salmantino se acerca a lo local y analiza los principales retos del tejido empresarial castellano y leonés, que debe apostar por la digitalización para competir en mercados globalizados; potenciar la colaboración público-privada para potenciar la inversión en I+D+i; y estar en condiciones de retener el talento que se forma en las universidades de la región y formar a los profesionales necesarios para las empresas.
“Tenemos que trabajar junto con las administraciones para simplificar la complejidad y la lentitud de los procedimientos burocráticos que frenan los proyectos de inversión”, reclama Campal, que se refiere también a que las instituciones públicas deben luchar contra la despoblación y la mejora de las comunicaciones ferroviarias y tecnológicas. “En el sector agrícola, debemos realizar un esfuerzo inversor en regadíos y en mejorar la gestión de recursos hídricos”, puntualiza el empresario salmantino.
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