Bodegas Marta Maté, “artesanía de precisión”

La empresa burgalesa centra su proyecto en la biodiversidad y las prácticas vitivinícolas ecológicas
Bodegas Marta Maté
De izquierda derecha, Manuel del Rincón Sanz, responsable de Viticultura de Bodegas Marta Maté; Marta Castrillo Hernández, gerente; César Maté Aparicio, enólogo; y Nacho Díez Arranz, director comercial.

Son innumerables los ejemplos de viticultores vinculados con el mundo del vino por tradición familiar, en ocasiones secular. Pero en otros casos, se llega de forma un tanto circunstancial, bien por hobby o por acercarse al sector de forma colateral por motivos laborales, como ocurre en esta ocasión. ¿Pueden 3 socios de un estudio de ingeniería alimentaria convertirse en viticultores a imagen y semejanza de muchos de sus clientes para los que desarrollan proyectos?

Menos de un lustro después de poner en marcha Terracota Ingenieros en Aranda de Duero (Burgos) estos emprendedores deciden diversificar la actividad y pasar de las musas al teatro, de ver el mundo del vino desde la perspectiva más técnica a remangarse y plantar un viñedo en Gumiel de Mercado (Burgos). “Buscábamos una parcela de una o dos hectáreas en la que poner en práctica algunos aspectos innovadores de la viticultura de esos años y nos enamoramos de una finca biodiversa con la que soñábamos de casi 30 hectáreas”, detalla Marta Castrillo, gerente de Bodegas Marta Maté.

El sueño poco a poco fue tomando forma y tras vender todas las producciones de uva a precios altos, se incorporó el cuarto socio, el enólogo César Maté, que realizó una micro elaboración de 3.000 kilos con la que vio la luz Primordium -origen- el primer vino de la bodega. ¿El resultado? Los 95 puntos del gurú del vino Robert Parker dejan claro el apabullante éxito. En 2013 el círculo se cierra con la compra de una pequeña bodega en Tubilla del Lago (Burgos).

Viñas centenerias

En la última década, los propietarios de Bodegas Marta Maté se han centrado en recuperar suelos de viñas centenarias, realizar la transición de viña convencional a ecológica y han conseguido poner en valor más de 30 majuelos. “Nuestra filosofía se basa en el respeto y cuidado de la tierra. Hacemos una viticultura ecológica por convencimiento técnico y económico, porque estamos en una región con unas condiciones climáticas que permiten de forma fácil trabajar el cultivo de la vid de forma ecológica. Practicamos dos tipos de viticultura: por una parte la recuperación de suelos y de material vegetal de pequeños viñedos centenarios; y otro tipo de viticultura en viñedos contemporáneos de mayor superficie, donde fomentamos la biodiversidad que de forma natural existe en los pequeños y longevos viñedos. Nos gusta decir que en nuestro trabajo hacemos artesanía de precisión”, apunta la gerente de la bodega burgalesa.

Gama de vinos

El resultado es una gama integrada por 5 vinos tintos y un rosado y una producción que en 2021 alcanzó las 90.000 botellas, que en la presente campaña serán 100.000. El Holgazán es un tempranillo con 7 meses de crianza en barrica, un vino de parcela. Viñas del Lago es un vino de pueblo, elaborado con uvas tempranillo, albillo y garnacha y 12 meses en barrica, “la máxima expresión de los viñedos más longevos de Tubilla del Lago”; Marta Maté, monovarietal de tempranillo elaborado con racimos seleccionados en depósitos de hormigón y crianza de 14 meses; Los Perejiles, “la más delicada de nuestras elaboraciones”, con 95% de tempranillo y 5% de albillo mayor, fermentado en barrica y crianza de 18 meses; Primordium, 100% tempranillo con uvas procedentes de viticultura biodinámica, que tras pasar 19 meses en barrica sólo ven la luz 3.000 botellas; y Marta Maté Rosado, con 70% de tempranillo, 30% albillo mayor y fermentado a baja temperatura con 6 meses de crianza en hormigón sobre sus lías.

La gerente de Bodegas Marta Maté insiste en el leitmotiv de esta singular empresa vinícola: “nuestro proyecto vitícola apuesta por la biodiversidad. Practicamos viticultura ecológica y no utilizamos fertilizantes ni fitosanitarios químicos y evitamos la compactación del suelo con un manejo limitado de maquinaria. Fomentamos la presencia de mamíferos, reptiles, insectos y aves, reforestamos laderas y zonas de no cultivo con especies vegetales autóctonas. Creamos en definitiva un ecosistema de equilibrio con el que vemos reducido en un 95% el ataque de plagas y enfermedades que atacan a las vides en agricultura convencional”.

Más información en el número de noviembre de la revista Castilla y León Económica

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