Clusters en Castilla y León

Por: Carlos Martín Tobalina
foto blog tobalina

Para explicar el modelo de diseño y gestión de clusters de Castilla y León, hacemos alusión a una herramienta que proyecta la competitividad de nuestro modelo productivo. Nuestra comunidad autónoma afronta, lo mismo que el conjunto del país, un cambio global en su economía afectada por todas aquellas variables que hacer funcionar con más o menos precisión, velocidad y potencia la maquinaria productiva de una región ligada a la actividad industrial. Entre las variables a las que hago referencia, me atrevo a citar la cada vez mayor rigidez del modelo financiero del que aún no hemos asistido a su penúltima vuelta de tuerca y que afecta indefectiblemente a la viabilidad de los proyectos industriales, la profunda trasformación que está sufriendo el mercado de cada sector productivo, el papel de las tecnologías y su propiedad, y cómo no, el modelo de relación entre agentes económicos y sociales, vital para el futuro de nuestra economía nacional y regional.

Dentro de todo este complejo sistema de variables que afectan al siempre subjetivo concepto de competitividad, toma cuerpo la necesidad de desarrollar un modelo productivo basado en la sectorialización industrial de nuestro tejido, en la especialización en torno a una serie de sectores palanca capaces de generar actividad y empleo. Para ello, hemos divido conceptualmente los sectores en Castilla y León en lo que consideramos sectores estratégicos (por su peso e importancia) y emergentes (por su capacidad de crecimiento).

En todo este entorno, los clusters juegan un papel importante en la ordenación de la política industrial de Castilla y León. Desde un inicio quisimos regionalizar el concepto de clusters ya que creemos en una política sectorial ordenada según un modelo de desarrollo que va más allá de lo que en su momento definieron Marshall, Becattini o más recientemente Michael Porter, como distritos industriales y clusters. Es evidente que la economía evoluciona y lo seguirá haciendo y es evidente (o lo es para nosotros) que un modelo ‘copiado’ en su literalidad de un concepto extemporáneo puede fracasar en su implantación. Dicho de otra forma, creemos en la esencia de los clusters, pero estimamos que aunque conlleve un mayor trabajo en su concepción y desarrollo, esos modelos han de ser adaptados a la realidad industrial de esta comunidad autónoma.

Las variables que tamizan el concepto tradicional de cluster y lo acondicionan a lo que creemos que es el mejor modelo para Castilla y León son la territorialización de un modelo industrial regional que debe respetar y preservar sectores industriales históricos como la madera y mueble o la piedra natural, que son claves en el mantenimiento la actividad industrial, el empleo y en última instancia la población de áreas rurales; la diversificación de un modelo industrial regional hacia nuevos sectores de actividad (emergentes) que aprovechen la experiencia y tecnología de sectores estratégicos (no se trata de renunciar a la automoción, se trata de utilizar la automoción para ayudar a crecer otros sectores palanca); la especialización productiva en torno a sectores de futuro; la optimización de las políticas de competitividad aplicadas a cada sector (internacionalización, innovación, formación, financiación sectorial); y la ordenación del papel de los agentes económicos en torno a cada uno de estos sectores provocando una cada vez mayor y necesaria implicación de universidades y centros tecnológicos hacia las empresas en lo que debe constituir en una auténtica sociedad del conocimiento en Castilla y León.

Esta matriz ideal, que hace confluir variables de competitividad (internacionalización, innovación, creación de empresas, financiación, formación…) con sectores prioritarios, es la que define el modelo de clusters en Castilla y León y el cambio en el modelo productivo al que hacemos referencia. Esta estrategia necesita de la colaboración de todos los agentes implicados en el sistema productivo, las empresas, las universidades y centros tecnológicos, los agentes sociales y las Administraciones. En este caso, la Junta de Castilla y León va a regular los clusters regionales con un Decreto que normalice estos sectores.

Los resultados se irán viendo a medio plazo, un cambio en el modelo productivo debe ser reconocido, consensuado y admitido por todas las partes involucradas en nuestra economía. En el caso de Castilla y León, reconozco con satisfacción que hasta ahora la política industrial sectorial tiene el aval del Acuerdo Marco de Competitividad Industrial. Indico igualmente que la principal incógnita que asoma en estos últimos meses es si este tipo de estrategia tiene el aval del Gobierno de España que debe integrar en la anunciada PIN 2020 (POLITICA INDUSTRIAL NACIONAL 2020) la apuesta por los sectores, y créanme, motivos hay como para desconfiar, ¡ojalá me equivoque!

3 comentarios

  1. En la región se han creado tantos clusters que ya hemos perdido la cuenta. Se anuncia su constitución, pero luego no volvemos a saber nada de ellos, ni sus resultados, ni sus logros, si es que los tienen.

  2. Carlos,

    lo cierto es que hay mucho trabajo por delante.

    Me parece una estrategia acertada la de trabajar, con carácter sectorial, para aprovechar sinergias entre empresas, universidades, centros tecnológicos y otros agentes (¿?) en eso que denominamos clusters. Creo que es la forma más rápida para hacer crecer (vía intercambio de conocimientos) esos sectores.

    El momento no es bueno y la falta de financiación (cuando no la caida generalizada de los mercados), hace que sea casi épico apostar por los proyectos a medio plazo, que son los que se abordan principalmente en los cluster (pues la mayoría de los que conozco son proyectos de I+D). Esperemos que las empresas (y hablo por la parte que mejor conozco), podamos estar a la altura. Espero poder contribuir, de forma muy modesta, al éxito de estas iniciativas, porque nos jugamos mucho en ello.

    Un abrazo,
    Prudencio Herrero
    Fundación para la Excelencia

  3. La estrategia en CyL de promover y ayudar a los clusters es magnífica, y el papel de la Junta instalando el escenario y los decorados, ejemplar.
    Preocupan tres cosas: por un lado la excesiva sectorización del cluster (un cluster del sector de obra pública por si solo originará economías de escala pero difícilmente innovación*), y por otro lado el “time to market” y el asegurarse de que no se queda todo en blue-sky I+D+i. Formas de cubrir esta preocupación serían por ejemplo: establecer mecanismos de aceleración de impacto económico de los proyectos, alinear los clusters por estrategia y mercado, disminuir el número de participantes para hacerlos más dinámicos y asegurarse que las empresas establecen una gestión profesional, incentivada en resultados y posiblemente externa (pero privada) de las alianzas concretas a que da origen el cluster.

    La gestión de alianzas estratégicas empresariales (y los clusters y sus proyectos son la más elevada expresión de esta modalidad) es una disciplina complicada dada la complejidad de las relaciones comerciales y de co-opetencia que se establecen entre los aliados. Se necesita mucha experiencia de negocio y consecución de resultados, exposición internacional en entornos de tecnología e innovación, habilidades de liderazgo y diplomacia, conocimientos de estrategia, experiencia en marketing y alta dirección (manager de directivos) etc.
    Castilla y León necesita atraer y retener esta capa de la sociedad del conocimiento (formarse ya se está formando pero falta la experiencia adecuada). Un talent-pool privado de profesionales independientes que impulse la regeneración del sistema productivo.

    Oscar Criado del Rey
    alcandal

    *Como bien explicó Luis Ramis de Cluster Development en el pasado 12 Congreso de Economía, el cluster no ha de estar definido por el sector si no por la estrategia y el mercado (frente al cluster “de las TIC” está el cluster de vivartis).

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