Copiso se creó a mediados del siglo XX como reacción a la situación que vivía el medio rural soriano, cuando miles de familias abandonaron los pueblos para buscar nuevas oportunidades en los diferentes polos industriales que nacían en diferentes puntos de España. Casi 60 años después, se ha convertido en la primera cooperativa de producción porcina a nivel nacional, referente en el modelo de integración y en economía circular. Con 1.400 socios y 174 empleados, alcanzó una facturación de 323,65 millones en 2025, con lo que se consolida como la mayor empresa de Soria.
Según detalla Rubén Carramiñana Gil, agricultor e ingeniero técnico agrícola, y presidente de la sociedad desde 2023, el Plan Estratégico de Copiso contempla “seguir incrementando el volumen de negocio con un crecimiento equilibrado entre lo económico y lo social”. Entre sus objetivos se encuentran también ampliar las infraestructuras de servicio e instalaciones para los socios, así como alcanzar una cuota del 50% en el mercado cerealista de la provincia. “Estamos fomentando la diversificación de actividades y queremos avanzar en la cadena de valor añadido, así como en la comercialización de productos socialmente responsables”, comenta Carramiñana Gil, que destaca la apuesta por la sostenibilidad medioambiental de esta cooperativa, que espera lograr ser reconocida como entidad asociativa prioritaria de ámbito nacional en breve.
Pies en el suelo
“En su trayectoria, Copiso ha crecido con los pies en el suelo, sin aventuras dudosas, desde la responsabilidad y la consciencia de que es un pilar de desarrollo esencial para la actividad agroganadera de la provincia y del futuro de su medio rural. Apostamos por lo que hacemos bien para ser los mejores y los más eficientes, como ocurre con la producción, gestión y manejo de los animales en el sector porcino”, resalta Carramiñana Gil, que incide en el “compromiso y la responsabilidad social de la cooperativa, que están en su ADN desde que nació en 1967 y se centran en fomentar valores como la honestidad, la fiabilidad, la integridad y la profesionalidad, entre otros”.
Asimismo, resalta que Copiso ha sabido unir los intereses de agricultores y ganaderos en un modelo cooperativo circular con el que ambas actividades se refuerzan y se benefician, así como la importante labor económica y social que realiza en la provincia de Soria, e incide en “la lealtad con la que responden nuestros socios, que cada vez somos más, y la progresiva incorporación de una generación joven muy preparada”.
Incertidumbre
Para el presidente de la cooperativa soriana, “no es el mejor momento del sector agroganadero, hay mucha incertidumbre” y explica que, en cuanto a los cereales, los precios están bajos y el coste de insumos, como los fertilizantes, se han disparado por la coyuntura política internacional, al igual que ocurre con el gasóleo.
Por otra parte, el porcino paga las consecuencias de la aparición de la peste porcina, que afectó al jabalí hace meses, pero que ha cerrado algunos mercados internacionales. “Éste puede ser el momento más complicado que he vivido en Copiso, desde que estoy en el Consejo Rector o en la Presidencia de la cooperativa. Pero saldremos adelante, como hemos hecho en otras ocasiones, porque nuestra trayectoria es firme y financieramente estamos fuertes. No nos da miedo la situación”, determina.
Negocio vinculado al territorio
Carramiñana Gil hace hincapié en que el sector agrario es un negocio vinculado “al territorio, a la gente, a la población, al desarrollo endógeno”, lo que es una ventaja para Castilla y León, ya que no es posible su deslocalización. “Pero precisamente por esa vinculación, la capacidad de tomar decisiones es menor y es más importante el apoyo de las administraciones”, aclara.
Sobre los retos de la región para dinamizar su tejido empresarial, el presidente de Copiso es tajante: “necesitamos que nos dejen trabajar, que no nos pongan tantas barreras administrativas ni tantas presiones fiscales. En Castilla y León, la inspección es más dura en la actividad agroganadera. La administración autonómica todavía es más restrictiva que la europea, que ya lo es suficientemente, lo que genera más dificultades e inconvenientes. En lugar de que nos ofrezcan unas ayudas que a veces se vuelven contra el desarrollo y la competitividad de nuestra actividad, queremos que nos dejen trabajar”. En este sentido, menciona como ejemplo la actual situación en cuanto a la autorización de las granjas porcinas, “que está parando el desarrollo de un sector importantísimo y modélico en la comunidad autónoma”.
A su juicio, también es preciso seguir realizando proyectos de I+D+i, para que el sector primario consiga en el futuro más rentabilidad, eficiencia y respeto al medio ambiente. En este sentido, recuerda los resultados y conclusiones del proyecto Fertisos, que analiza los beneficios del uso de fertilizantes orgánicos como los purines del porcino.
Nuevas empresas
Copiso trabaja en el desarrollo de las actuaciones iniciadas en 2024, cuando invirtió 15 millones de euros con el fin de reforzar su posición en la producción porcina y la comercialización agrícola. Así, se crearon las sociedades Pormascop junto a Naturuel y Ganadera de Tierras Altas (Gatial); adquirió el 50% de Transportes Tovar, para garantizar la logística actual y futura; y amplió la red de centros comarcales de almacenaje y de servicios agrícolas, como los inaugurados en las localidades sorianas de Almazán y Rioseco de Soria.
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