El coste de la desinformación

Por: Alberto Cagigas, director de Castilla y León Económica
Fake news.
Un equipo internacional de expertos multidisciplinares cifra el coste de la desinformación en más de 400.000 millones de dólares.

Apuntaba el siempre agudo Voltaire que “es difícil liberar a los necios de las cadenas que veneran”, una frase escrita en el siglo XVIII de plena actualidad en esta sociedad con huestes atrincheradas en máximas dogmáticas de la postverdad divulgadas en las redes sociales. Un amplio espectro de la población ya no busca información, sino adoctrinamiento con fake news que confirmen sus sectarias creencias.

Un equipo internacional de expertos multidisciplinares se ha atrevido a cuantificar el coste de la desinformación y les sale la cifra de más de 400.000 millones de dólares, una cuantía que usted se puede creer o no, pero en lo que sí aciertan estos eruditos es en sus consecuencias.

Aparte del impacto económico causado por fenómenos como reseñas falsas, manipulación de mercados y fraudes basados en la Inteligencia Artificial y la publicidad engañosa asociada a sitios de desinformación; provoca problemas sociales con efectos directos en la salud pública y mental, polarización y erosión de la confianza institucional. Y cómo no, también posee una influencia política mediante interferencias en los procesos electorales, campañas de propaganda y estrategias de debilitamiento democrático. En definitiva, la desinformación no es algo abstracto, sino un riesgo económico tangible que afecta a las decisiones de inversión, la estabilidad política y la cohesión social. 

Ante la industrialización de las manipulaciones informativas, los expertos aconsejan a empresas e instituciones integrar la desinformación en su gestión de riesgos, tal como se hace ya con la ciberseguridad, con una estrategia capaz de desarrollar acciones de vigilancia, detección y respuesta ante campañas de manipulación. Les puede parecer algo lejano, muy difícil de afectar al tejido empresarial de Castilla y León, pero les recuerdo una pasada campaña de desinformación que acusaba a una empresa familiar de Tordesillas (Valladolid) de utilizar sangre de toro en la elaboración de sus polvorones.  

Desinformación corporativa

La desinformación corporativa no es un tema para tomárselo a la ligera, sobre todo en sectores muy sensibles como el agroalimentario, financiero y tecnológico, susceptibles de verse afectados por los bulos sobre sus productos o servicios, al provocar grandes daños, como crisis reputacional, pérdida de confianza de los consumidores, impacto sobre el valor de la compañía, costes para desmentir los bulos, desmotivación de la plantilla y dificultades para retener y atraer el talento. El riesgo se agrava con la perniciosa utilización de la Inteligencia Artificial y las deepfakes, que permiten manipular audios y vídeos de manera realista y que pueden ser diseñadas con el fin de dañar la reputación de empresas e instituciones.

Cuando se vuelve viral, la desinformación representa una de las amenazas más serias para la estabilidad del mercado, el valor corporativo y la confianza en las marcas en un fenómeno que en la actualidad cuenta con un excelente caldo de cultivo en el ámbito internacional por las constantes y erráticas declaraciones del máximo mandatario de la Casa Blanca y en el plano nacional por las a veces contradictorias manifestaciones de los diferentes socios del Gobierno de España y su amalgama de aliados en el Congreso de los Diputados. A lo largo de un día uno puede leer o escuchar noticias incoherentes sobre aranceles, Mercosur, evolución del precio del petróleo o pactos para formar Ejecutivos autonómicos. En este caos informativo, se borra la línea entre verdad y manipulación. Nunca antes la actualidad había sido tan volátil.

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