Como ya he reflejado en numerosas ocasiones en este espacio, la gestión de los recursos humanos y la falta de profesionales para completar las plantillas constituye en la actualidad la principal dificultad de las empresas, porque se trata de un problema estructural y no de una dificultad coyuntural, como pueden ser la inestabilidad en Oriente Medio o la guerra de los aranceles. Las cifras reflejan la magnitud de este escollo. Por ejemplo, el absentismo laboral se ha disparado en un país como España donde cada día 1,6 millones de personas no acuden a su puesto de trabajo.
En un reciente encuentro empresarial, el director de una de las mayores multinacionales asentadas en Castilla y León nos confesó que el absentismo se había incrementado en sus fábricas hasta rozar el 10% en una compañía con más de 7.300 empleados. El cálculo es sencillo, cada día se ausentan más de 700 operarios, lo que ya estaba poniendo en riesgo las futuras inversiones del grupo en nuestro país porque en la central de este holding industrial no se creen que en España tengamos mayor índice de enfermedades que en el resto de Europa.
Otro fenómeno alarmante es el desajuste entre la oferta y la demanda laboral, ya que el pasado año los negocios no encontraron trabajadores para cubrir más de 152.500 puestos de trabajo, una cifra que supone un 51% más que en el año previo a la pandemia en un país con 2,5 millones de desempleados. Si a este panorama le añadimos la dificultad para atraer y retener talento en las empresas, con una rotación de personal que se ha multiplicado en los últimos ejercicios, comprenderán porqué la gestión de los recursos humanos es el principal quebradero de cabeza de las empresas.
Pero no se desanimen, que aún existe otra contrariedad: ya nadie quiere ser jefe, con lo que se complica el desarrollo de los negocios en pleno crecimiento pues pocos quieren ocupar los puestos directivos que surgen en estos procesos de expansión. Según un reciente informe, más de la mitad de los trabajadores españoles (57%) no aspira a ascender profesionalmente. En la actualidad, la mayor parte de las plantillas prioriza el bienestar personal por encima de la ambición laboral, descartando los ascensos y las carreras profesionales al imponerse en las nuevas generaciones de la sociedad una mentalidad que rechaza el estrés, el sacrificio, las responsabilidades y el compromiso con la empresa. La sana ambición por prosperar en una compañía ya es cosa del pasado. Con esta crisis de vocaciones directivas, un negocio con crecimientos anuales de 2 dígitos tendrá muy complicado completar su staff ejecutivo con su propia cantera, así que no le quedará más remedio que intentar fichajes externos.
Menor tolerancia al estrés
El aumento salarial y la estabilidad laboral que aportan los ascensos han dejado de ser atractivos para unos profesionales que priorizan el tiempo libre y la falta de preocupaciones al no asumir más responsabilidades por tener menos tolerancia al estrés. Como indican los expertos, nos encontramos ante un cambio de paradigma donde las personas que rechazan una carrera profesional han dejado de ser una minoría marginal para convertirse en una mayoría.
Frente a esta actitud poco ambiciosa, pero respetable desde el punto de vista personal, tuvimos recientemente un ejemplo de todo lo contrario en la figura de las 10 personas que ganaron el pasado mes de mayo los XIII Premios al Mejor Directivo de Castilla y León Económica. Durante el evento, María Paz Robina, Premio de Honor de estos galardones y presidenta de Michelin España Portugal, dio una lección de su compromiso con la empresa y con el desarrollo industrial de Castilla y León, pero sobre todo nos transmitió la importancia de ser consecuentes con unos valores que, por desgracia, están desapareciendo de nuestra sociedad: “tengo la convicción de que el liderazgo debe ejercerse desde la ejemplaridad, la confianza, la responsabilidad, la autenticidad, la humildad y la cercanía. Liderar no es sólo tomar decisiones; es escuchar, explicar, exigir y respetar. Es compartir y asumir las consecuencias de las decisiones. Es construir equipos resilientes, responsables. Es transmitir energía, generar confianza y crear las condiciones para que las personas puedan dar lo mejor de sí mismas. Y al final, si algo define una trayectoria, es el legado que deja”. Cautivadoras reflexiones de una excelente directiva en unos tiempos en los que cada vez menos profesionales aspiran a ser jefes.