Era Group abordó recientemente en un encuentro exclusivo con Antonio Fatás, profesor de Economía de INSEAD, la resiliencia de la economía ante la guerra en Oriente Medio, “que plantea un tipo de desafío muy diferente. Desde la inflación y las cadenas de suministro hasta los bancos centrales y el riesgo de recesión, que son algunos de los aspectos clave a los que las empresas deberían prestar atención”.
Entre las conclusiones de Fatás sobresalen 8:
La resiliencia afronta su verdadera prueba al plantearse si una economía mundial que ha absorbido choques repetidos puede seguir siendo resiliente frente a un conflicto militar.
A juicio del especialista, esto va más allá del petróleo, “no se trata sólo de una historia energética. Los fertilizantes, el aluminio y las cadenas de suministro en general también están expuestos, lo que significa que el impacto se extiende mucho más ampliamente a lo largo de la economía”.
Asimismo considera que los importadores de energía se empobrecen: “cuando la energía importada esencial se encarece, la renta real disminuye. Para las economías importadoras de energía, no existe una solución sencilla para evitarlo”.
La inflación aumenta en casi todas partes, pues aunque los países perciban el impacto en el crecimiento de forma diferente, la presión inflacionaria se extiende ampliamente.
Riesgo de tipos altos a largo plazo
El verdadero riesgo es que los tipos se mantengan altos durante más tiempo, lo que puede tener consecuencias económicas mucho mayores, cambiando rápidamente el escenario de una desaceleración a una recesión.
Los bancos centrales se encuentran en la posición más difícil, con un crecimiento débil por un lado, inflación por el otro, y muy poco margen de maniobra para responder sin empeorar 1 de las 2 cosas.
La política económica tiene sus límites, ya que los gobiernos pueden intentar suavizar el impacto, pero no pueden eliminar el golpe subyacente. “Si una economía se vuelve más pobre debido a un choque energético, sólo hay un límite en lo que la política puede hacer”, dijo.
Una recesión global no está descartada: “si se materializan escenarios más adversos, especialmente si los altos precios de la energía se prolongan y se acumulan riesgos financieros más amplios, esto podría convertirse en una receta para una recesión global”.
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