‘Escape room’

Por: Félix Alberto Sanz
Aquello que genera mayor impacto emocional no suelen ser las cosas materiales.
Aquello que genera mayor impacto emocional no suelen ser las cosas materiales sino las experiencias que vivimos.

La semana pasada, el jueves 16, mi niña pequeña cumplió 9 años. De regalo quería la Nintendo Switch y yo, que me suelo rendir fácil a sus deseos, accedí. Dado que para mí la parte mágica de un regalo consiste en no saber de qué se trata y, en este caso, el secreto no era tal, decidí añadir sal y pimienta al asunto y prepararle un escape room casero para que, a través de pistas y en un máximo de 30 minutos, localizara su presente.

Tras un rato de subir y bajar escaleras, leer pistas, resolver acertijos y pasar alguna prueba, consiguió resolver el misterio y acceder a su recompensa. Eso sí, en ese momento la sorpresa (y el regalo) me la llevé yo.

Mientras liberaba, con ansia, su premio del envoltorio que con tanto mimo había sido envuelto y antes de terminar de desenmascararlo, hizo una pausa, me miró radiante y dijo “¡Éste el mejor regalo de la historia! Pero no la Nintendo… ¡El escape room!”.

El valor de las experiencias

Y, como tantas veces consigue, me hizo recordar algo que yo debía saber y a veces olvido. Que aquello que genera mayor impacto emocional no suelen ser las cosas materiales sino las experiencias que vivimos. Y que aquellas experiencias con una mayor fuerza emocional serán las que van a resonar con más intensidad, para bien o para mal, en nuestra frágil memoria, siempre vinculadas a aquello que nos hizo sentir.

De hecho, para que nos demos cuenta, las grandes estrategias marketinianas van encaminadas a generarnos ese golpe emocional que nos ancle su producto o servicio en nuestro recuerdo a la hora de comprar.
O, por ejemplo, a poco que echéis la vista para atrás, es posible que las formaciones o docentes que más y mejor recordéis, con sus aprendizajes asociados, sean aquellas que os provocaron una agitación interna, removiéndoos por dentro, a través de distintas emociones.

Y esto, que es de Perogrullo y todos damos por hecho, lo dejamos aparcado en nuestro entorno laboral. Cuántas veces nos limitamos a fijar objetivos, ordenar tareas, contactar con o atender a clientes, hacer exposiciones de resultados, fijar normas, sin tenerlo en cuenta, de una manera fría, sosa. Como un regalo que se entrega sin más.

Por eso os invito a reflexionar con una pregunta sencilla de hacer, pero muy compleja de responder: ¿qué haces tú para generar impacto en los demás? ¿Qué para ser recordado, cuando quieres ser recordado? Si no tienes respuesta, recuerda que la clave está en hacer sentir cosas a los demás.

Es posible que Luna, mi pequeña, no recuerde la mayoría de las cosas que sucedieron en su noveno cumpleaños, pero me cuesta mucho creer que caiga en el saco del olvido cómo accedió a su regalo.

Félix Alberto Sanz

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