Castilla y León puede presumir de muchas cosas, especialmente en ámbitos como el agroalimentario. Y si hablamos en concreto de bodegas, nuestra región ofrece un crisol de proyectos de muy distintas características y peculiaridades, algunos especialmente singulares, como Galia Soriana, una iniciativa que se hace mayor, cuyo origen se remonta a 2009 de la mano de Jérôme Bougnaud, que llevaba tiempo con la idea de hacer vino con viñas viejas. Conocía bien los viñedos de los extrarradios de la Ribera del Duero y encontró verdaderos tesoros en Cigales (Valladolid), Hontangas (Burgos) y, sobre todo, en Piquera de San Esteban (Soria). Ahí empezó a seleccionar viñas que le gustaban para lo que acabaría siendo Galia.
“En 2016, Jérôme tuvo que volver a Francia y buscaba a una persona que pudiera seguir con el proyecto. Quería un todoterreno, alguien que supiera de viñedo, de bodega, que le gustara catar, que pudiera llevar un tractor y también beberse un buen vino, y ahí aparecí yo”. Quien así habla es David Calvo, vigneron de Galia Soriana, quien añade: “Me enganchó porque dio en la fibra: viña vieja, una forma de elaborar que me cuadraba y, sobre todo, el contacto con la gente de los pueblos”.
Puesta en valor de viñedos
A finales de 2022, el proyecto fue adquirido por Bertrand Sourdais y David Hernando con la condición de mantener a Calvo en el mismo para poder continuar con el estilo que los vinos habían tenido hasta ese momento. Y es ahí donde nace Galia Soriana con la idea clara de poner en valor “todos esos viñedos que han quedado fuera de la Denominación de Origen Ribera del Duero, pero que son auténticos tesoros. Desde ese momento, trabajamos solo con viñas en la provincia de Soria”, sostiene Calvo.
Galia Soriana elabora únicamente 2 vinos: Las Aldeas de Galia, que resume la tradición vitícola de todos esos pueblos; y Clos Santuy, procedente de una única parcela en el municipio de Piquera de San Esteban que es en sí el origen del proyecto, con un viñedo de pie franco de tinto fino y albillo mayor.
Viñas sin normativas ni modas
“Lo que más nos define es que los viñedos nunca han entrado en una denominación de origen, así que no han sufrido adaptación a normativas o modas. Son viñas tal cual lo han sido siempre, prácticamente sin tocar. Tenemos tempranillo y albillo mayor, pero luego hay un buen número de otras variedades: alicante bouschet, bobal, graciano, monastrell, alarije, pirulés, moscateles, malvasías y otras tantas aún sin identificar. Es un mosaico heterogéneo que ya existía y que se ha conservado manteniendo una personalidad muy particular”, señala Calvo.
Si Soria es ya de por sí una zona extrema para el cultivo de la vid, los viñedos de Galia se sitúan aún más al límite. Son minúsculos, heredados durante generaciones, con cepas muy viejas, muchas de ellas en pie franco. El trabajo es completamente artesanal, imposible de mecanizar. Cada parcela tiene su microhistoria vitícola propia, con la huella de las familias que las han mantenido vivas.
Vinificación por pueblos
La filosofía de esta bodega es sencilla: “vinificamos por pueblos, porque cada uno tiene su propia identidad. Buscamos interpretar lo que nos da el viñedo con la máxima sensibilidad. Todo está en el viñedo, si se trabaja bien, después no hace falta intervenir tanto”, explica Calvo.
En 2025 se elaboraron 20.000 botellas de Aldeas de Galia y 1.500 de Clos Santuy. “Trabajamos en ecológico y orgánico, intentando hacer las cosas de la manera más natural posible. En cuanto a comercialización, lo principal es hacer algo diferente, artesano, saludable. Contamos con un terroir único y esta es nuestra certeza y nuestro mensaje”, sostiene el vigneron de la bodega.
En Galia Soriana siguen en busca de nuevas aldeas “y descubriendo nuevos viñedos. El proyecto está emergiendo y no sabemos cuál es nuestro techo, aunque sabemos que es limitado por este territorio”. Actualmente se ubican en San Esteban de Gormaz y elaboran en un espacio compartido. “Nuestra idea es tener una casa propia en un futuro no muy lejano”.
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