Julio Pérez, CEO del Grupo Helios, y Rafael Pérez, CEO de Iberfruta-Muerza, pertenecen a la quinta generación de una empresa familiar con 125 años de historia que en la actualidad factura 285 millones de euros con una plantilla de 950 personas -200 en Castilla y León- y 9 centros de producción en 4 países (3 en España, 2 en Alemania y 1 en Polonia y Marruecos) ubicados en las principales zonas de cultivo, además de una filial comercial en el Reino Unido. Esto supone una superficie productiva de más de 220.000 metros cuadrados en los que se transforman más de 200.000 toneladas de frutas y verduras cada año.
Gaspar Pérez y su abuelo Alejandrino estarían orgullosos de la evolución de la pequeña confitería El Sol que fundaron en 1901 en la vallisoletana calle Santiago y que es el origen de esta multinacional.
Modelo de gestión
“Las claves de nuestro modelo de gestión se apoyan, en primer lugar, en el compromiso y la visión a largo plazo propios de una empresa familiar de quinta generación. Este enfoque nos ha permitido mantener una estrategia coherente en el tiempo, apostar por un crecimiento sostenible y consolidar un equipo humano comprometido, favoreciendo la retención y el desarrollo del talento dentro del grupo”, detalla Julio Pérez; mientras que, por otro lado, Rafael Pérez detalla: “contamos con una política activa de identificación de oportunidades de mercado basada en un análisis riguroso y detallado de posibles adquisiciones, inversiones y vías de desarrollo comercial. Esta capacidad ha sido determinante en la expansión del grupo, tanto a través de iniciativas propias, como la creación de Iberfruta, como mediante la incorporación de marcas relevantes como Bebé, Stovit o Glück”.
Los hermanos, que están al frente del grupo desde 2001, explican que su objetivo de cara al futuro es consolidar al Grupo Helios como un socio estratégico clave para sus clientes, principalmente en el desarrollo de categorías como salsas, tomate frito y conservas de fruta, tanto en el mercado nacional como internacional, un ámbito que genera el 64% del negocio del grupo gracias a sus ventas en Alemania, Francia, Polonia, Reino Unido, Portugal, México y China, junto al resto de países de la UE. Además, prevén seguir potenciando sus líneas estratégicas, centradas en la sostenibilidad, la innovación, la internacionalización y la digitalización, con la meta de convertirse en Best In World en ingredientes de frutas y verduras en B2B.
Integración vertical
El CEO de Iberfruta-Muerza señala que un elemento clave en la trayectoria del grupo es la integración vertical con esta empresa, creada en los años 90, que supuso un avance estratégico al permitir un control completo de la cadena de valor, desde el origen en el campo hasta el producto final, lo que aporta trazabilidad y eficiencia. Asimismo, destaca “la versatilidad de nuestras fábricas y equipos, con capacidad para desarrollar productos en múltiples categorías y formatos, lo que nos posiciona como un socio estratégico para el desarrollo de categorías como salsas, tomate frito o conservas de fruta”. Por su parte, el CEO del Grupo Helios añade: “nuestra propuesta se basa en la combinación de alta calidad de producto, estructuras de coste competitivas y un elevado nivel de servicio que nos permite ofrecer una respuesta sólida y fiable a las necesidades de nuestros clientes”.
Precisamente, los inicios en Iberfruta son uno de los momentos más complicados de la trayectoria empresarial de Rafael Pérez: “mi hermano Julio empezó antes, yo venía del sector financiero y me uní a los 5 meses. Fueron especialmente duros, pero siempre éramos conscientes de que avanzábamos. Era una empresa de nueva creación, partíamos de cero -o de bastante menos que cero- y con pocos recursos. Requería muchísima implicación, cada decisión marcaba el futuro de la empresa. Tuvimos que priorizar e ingeniar con un presupuesto ajustado. Con perspectiva en vez de dureza, se podría hablar de intensidad formativa”.
Por su parte, Julio Pérez recuerda que vivimos en un entorno VUCA, “con mucha volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, por lo tanto, cada poco tiempo, nos enfrentamos a momentos y situaciones retadoras y exigentes desde el punto de vista de la gestión: la crisis financiera de 2008, el Covid, la posterior crisis energética y de suministro por la guerra de Ucrania y ahora el conflicto de Irán. A los retos del negocio, en toda empresa se unen igualmente los retos de Gobierno Corporativo, que con la nobleza de espíritu, siempre salen adelante”.
Sector resiliente
Para ambos empresarios, existen muchos momentos gratificantes en su trayectoria, aunque Julio subraya “disfrutar el camino de hacer de Helios un proyecto más sólido, más recurrente y con un impacto positivo en el entorno”; mientras que Rafael comenta sus impresiones en las diferentes etapas: “al principio, lo más satisfactorio era el desarrollo de distintos productos para poder producir todo el año y romper la estacionalidad que tenía la fábrica, donde su actividad se centraba principalmente en primavera-verano. A medio plazo, fue ver el equipo que montamos y a gente que entró en prácticas y hoy lidera áreas. Y ahora, lo más reconfortante es cuando los clientes te ponen como referencia de innovación. Este momento no existiría sin los anteriores”.
Según estos empresarios, la alimentación es un sector altamente resiliente que, al mismo tiempo, se encuentra en un proceso de transformación continua impulsada por la evolución de los hábitos de consumo y una mayor exigencia en ámbitos como la calidad, la sostenibilidad y la eficiencia. Por ello, la innovación y la diferenciación son elementos clave para mantener la competitividad en un entorno cada vez más dinámico. Además, comentan que estos negocios afrontan retos relevantes como la presión sobre costes, la volatilidad del entorno macroeconómico o la concentración de la distribución, pero también cuentan con importantes oportunidades de crecimiento y desarrollo.
Retos estructurales
Julio Pérez considera que Castilla y León cuenta con un importante potencial de desarrollo, si bien afronta una serie de retos estructurales que condicionan la dinamización de su tejido empresarial, como son el desafío demográfico marcado por la despoblación y el envejecimiento, que impacta directamente en la fuga de talento, el relevo generacional y el dinamismo del mercado interno; a los que Rafael Pérez añade el reducido tamaño medio de las empresas castellanas y leonesas, lo que limita su capacidad de inversión, innovación e internacionalización.
Por contra, estiman que la comunidad autónoma posee una serie de ventajas estructurales que la posicionan como un territorio especialmente atractivo para la actividad empresarial: su situación geográfica y su creciente desarrollo logístico la convierten en un nodo estratégico dentro de la Península Ibérica, con una conectividad cada vez más reforzada que facilita tanto la distribución nacional como internacional. A este factor añaden un entorno favorable para la inversión, caracterizado por la disponibilidad de suelo industrial, el apoyo de la Administración pública a través de programas de impulso empresarial y la disponibilidad de importantes fuentes de generación de energía renovables. Por último, subrayan que la región dispone de una base industrial sólida y una creciente vocación exportadora.
Más información en el número de julio de la revista Castilla y León Económica