Hoteles para gozar de una Naturaleza hecha providencia

Vistas del cráter del Ngorongoro (Tanzania).
Vistas del cráter del Ngorongoro (Tanzania).

Luisa Alcalde

Por su halo de misterio, su cosmos exuberante, sus ocasos hipnóticos, sus ecosistemas frágiles y bellísimos, su exotismo, exclusividad y peculiaridad, algunos alojamientos consiguen una autenticidad al alcance de los elegidos. Aquí aparecen seleccionados algunos que fueron construidos en lugares únicos para convertir a sus huéspedes en dioses de un universo privilegiado.

A veces, una cabaña sobre una laguna salada o una tienda de campaña en mitad de la sabana pueden convertir una noche en mágica, por el lugar donde se ubica y al margen de las comodidades. Algunos de estos establecimientos se identifican con el lujo del siglo XXI, otros sin embargo se alejan del mismo. Quizá en esa dicotomía resida una parte de su atractivo, pero están aquí por haber convertido en memorable una estancia inimitable.

El embrujo de la naturaleza africana caracteriza tres de mis lugares predilectos porque se encuentran situados en lugares remotos, que reflejan la fiereza y al mismo tiempo la vulnerabilidad de la vida salvaje.

Ngorongoro

Alrededor de una decena de tiendas de campaña para dos personas, bien acomodadas y provistas de camas en su interior, componen el único campamento situado en la cúspide del cráter del Ngorongoro (Tanzania) con vistas a la caldera volcánica de 600 metros de profundidad y 20 kilómetros de diámetro. Al asomarte, parece un espejismo. Se turba la visión, el espíritu se eleva etéreo para rozar la inmortalidad, mientras contemplas uno de los paisajes más hermosos de la tierra. La enorme llanura circular, situada a 1.800 metros de altitud, alberga en su interior arroyos y manantiales, dos lagunas de agua dulce y un lago salado que acoge a una colonia de flamencos rosa. También posee un bosque de acacias de corteza amarilla llamado Lerai. Llueve casi todo el año, por lo que concentra una gran variedad de vida salvaje al abundar los pastos. Es muy difícil definir la belleza de este Edén, pero el recientemente fallecido Javier Reverte lo consigue: “La grandeza insólita del cráter transmitía una honda sensación de eternidad…el Ngorongoro es una extravagancia de la Naturaleza”.

Serengueti

En mitad de la llanura sin fin, cuya extensión se pierde en el horizonte a lo largo de sus 14.500 kilómetros cuadrados protegidos desde 1951 para conservar el corredor natural de la gran migración entre Tanzania y Kenia que no entiende de fronteras, se sitúa el Pumzika Safari Camp. En el interior de la reserva, en plena sabana, empequeñeces ante la profusión de la vida salvaje. De camino a un merecido descanso, observas hipopótamos que retozan en una charca cerca de un cocodrilo, cigüeñas carabú, águilas pescadoras, un ave martillo, avutardas y un secretario con sus simpáticas plumas. Un jineta, una manada de al menos 14 leonas dormitan bajo una acacia. Elefantes, jirafas, búfalos, un leopardo macho sobre una rama que contempla los confines de su imperio, un hembra de guepardo con sus tres crías sobre un termitero y avestruces completan la diversidad de este grandioso parque.

Al llegar un Masai llamado Lucky prepara nuestra ducha de cubo en el interior de una tienda amplia que huele a campo, antes de degustar un whisky en el fuego del campamento cuando el crepúsculo convierte al sol en una esfera incandescente que se esconde tras un montículo. La noche se llena de sombras y de sonidos de animales. La vida salvaje empieza una nueva sinfonía que hechizará nuestros sueños.

Sabi Sabi

Considerado uno de los lodges más exclusivos del mundo, el Earth Lodge de la reserva privada Sabi Sabi, en el Parque Kruger sudafricano, supera todas las expectativas por su original diseño al camuflarse con el agreste paisaje que le rodea. El lujo y el contacto directo con la naturaleza definen este establecimiento, que proporciona una inmersión sin concesiones en la sabana africana para contemplar, sentir, oler y vibrar con los cinco grandes (elefante, rinoceronte, león, leopardo y búfalo).

Emoción a flor de piel que el huésped disfruta desde un jeep descubierto detalle del hotel, con una bolsa de agua caliente y manta cubriendo las piernas en los safaris matutinos para paliar el frío. Enormes y preciosas estancias, con piscina individual, de decoración minimalista y grandes ventanales volcados sobre la sabana, desde donde se puede ver una gran variedad de herbívoros salvajes. Con cocina de influencia francesa, destaca la bodega con profusión de caldos sudafricanos. El lodge también ofrece aeródromo privado, gimnasio, spa y un ranger que te viene a buscar cada madrugada para evitar un encuentro inesperado con las fieras que frecuenta los senderos del hotel. Emoción y adrenalina nada más despertar.

Diseminados por distintas partes del mundo, se encuentran algunos emplazamientos recónditos, cuyo vínculo con el mar los hace fascinantes.

Bocas del Toro

En la isla de Bastimentos, en pleno Parque Natural del Archipiélago de Bocas del Toro (Panamá), el Hotel Azul Paradise evoca un paraíso remoto de aguas turquesas y esmeraldas, blancas playas de arena fina y cocoteros acariciados por la suave brisa del Caribe. Construidas respetando el frágil ecosistema que las alberga, las diez cabañas de madera y paja levantadas sobre el mar te trasladan al mundo contemplativo del buen salvaje: tranquilas aguas cristalinas a las que se accede desde la propia estancia, puros arenales pintados de palmeras y manglares que se sumergen en el mar mecidos por el suave viento del trópico, el vuelo raso de un pelícano que se pierde en el horizonte, un arcoiris suspendido sobre la nube preñada de agua, caracolas gigantes enredadas en las raíces de la floresta y salitre en la piel bronceada por el sol vibrante aletargan el espíritu estresado del viajero llegado de otro mundo, que ha olvidado el sonido del silencio como papel de seda en la soledad de la naturaleza. Las cabañas austeras, provistas de aire acondicionado, ducha de agua caliente y una gran cama, se completan con una zona común de bar sobre la playa, para desayunos y almuerzos, donde el camarón es el rey.

Maldivas

El paraíso existe. Se observa desde el aire cuando te aproximas en hidroavión a los atolones de coral que conforman el archipiélago de las Maldivas. Es un universo efímero y cambiante, de playas nácar, vegetación tropical y aguas turquesas plenas de vida marina. Cada mañana, al despertar en una de esas villas sobre el mar que ofrece el Hotel Lux Maldivas, la luz brillante del sol del Ecuador ilumina la preciosa estancia de madera. El sonido sincopado del océano, que te acuna durante el sueño nocturno, también te hipnotiza al amanecer y conduce tus pies desnudos hacia la escalera de madera que desciende a la laguna salada. Apenas cubre, huele a sargazos y en su agua tibia y cristalina reverbera la vida acuática. Si te detienes paciente entre las mantas de coral, los exóticos peces de colores juguetean a tu alrededor. Tras el baño de sol y plancton, seduce reposar un rato en las tumbonas de la terraza, después de una ducha con vistas a la laguna que elimina el salitre de la piel. A lo largo de los 1,8 kilómetros de la isla se extiende el resto de las estancias a modo de chalés frente a la playa. El establecimiento también ofrece distintos restaurantes, como un indio o un japonés, un pequeño gimnasio y un spa donde disfrutar de un masaje viendo el arrecife coralino a tus pies a través de un suelo acristalado.

Mauricio

Cautivadoras playas paradisíacas de arena pura y aguas turquesas embelesan al viajero con un universo acuático de peces de colores y tiempo detenido. Baños cálidos en un litoral semidesértico te sumergen en el fascinante cosmos del Índico. Por eso, Isla Mauricio es una maravillosa opción para finalizar un safari en África, ya que la distancia en avión apenas supera las tres horas y obra el milagro de convertir el cansancio acumulado de varias jornadas de fuertes emociones en relax. El Dinarobin Hotel Golf & Spa, ubicado en la zona oeste de la isla y coronado por una preciosa península lamida por las aguas del mar, es un alojamiento perfecto para disfrutar de unos días de sol y playa, complementados con golf y sesiones de spa, a las que se puede acceder sin salir del establecimiento. Las enormes habitaciones, algunas con cerca de 200 metros cuadrados, se distribuyen en casitas individuales. Dotadas de un equipamiento envidiable, es recomendable solicitar vista frontal al mar y gozar de ocasos bellísimos desde la terraza.

Krabi

La selva tropical domesticada al servicio de la exclusividad del siglo XXI se percibe a medida que el barco -única vía de acceso- se acerca a una de las tres playas de cristalinas aguas esmeraldas que rodean el Hotel Rayavadee, uno de los establecimientos más lujosos del sudeste asiático y ubicado en la Península de Krabi (Tailandia). Las estancias distribuidas en casitas individuales de estilo tailandés se camuflan entre el brillante follaje, tanto que los monos de anteojos blancos, transeúntes asiduos del hotel, las utilizan de plataforma de paso hacia sus árboles preferidos. Las ardillas son otros huéspedes habituales del frondoso techo vegetal, mientras que las carpas de colores se adueñan de los fértiles estanques, profusos en nenúfares y flores de loto. Si se observa con precisión, también se puede llegar a ver alguna serpiente reptando por entre las palmeras. Las habitaciones, algunas rodeadas de jardín propio y con piscina individual o jacuzzi, están decoradas al estilo colonial y cuentan con salón y servicio en la planta baja, mientras que la enorme habitación y su amplísimo baño con ducha y bañera se sitúan en el segundo piso. La luz penetra por toda la estancia circular rodeada de numerosas ventanas a través de las que se cuela la fecunda selva. Por recoletos caminos se accede a las tres paradisíacas playas del hotel, de arena fina y encumbradas por bahías perfectas rodeadas de farallones profusos en vegetación salvaje.

Santorini

Cielo de luz cegadora y mar añil en calma delimitan el volcán extinto sobre el mar más grande del mundo. Tras la puesta de sol que tiñe de ocre y oro la tierra negra y roja de la caldera, aparece una luna plena y naranja que inunda de plata el Egeo. Son imágenes que se graban en la retina para siempre y que se pueden disfrutar en el transcurrir del día sin moverse de las 22 habitaciones del Hotel Andronis en la isla griega de Santorini, todas ellas abalconadas sobre el mar. Una paz placentera invade el espíritu tras un baño refrescante en la piscina desbordante sobre el Egeo, una copa del buen vino blanco de la isla y olvidarse del paso del tiempo, sólo perceptible por los cambios de luz. Con nombres de dioses griegos, la estancia llamada Hera es especialmente atractiva por estar situada al lado de la piscina infinita, su enorme terraza con jacuzzi e impresionante panorámica sobre el volcán. Siguiendo el estilo de la arquitectura troglodita, las habitaciones están excavadas en la lava del volcán a modo de cueva. Encalado todo el hotel en blanco y literalmente colgado sobre las caprichosas formas del cráter, las estancias han sido pintadas con predominio del gris que atenúa la luz y preserva la frescura de un espacio que aprovecha las formas cóncavas para situar pequeños ventanucos, zona de estar y la cama ubicada casi como en un nicho curvo y silencioso. Los suculentos desayunos se sirven en la habitación. El hotel ofrece masajes y un restaurante sobre un risco de lava suspendido sobre el mar.

Zanzíbar

Desde la avioneta se vislumbra el litoral oriental de África bañada por el Océano Índico, donde se sitúa Zanzíbar. Un mar plateado contrasta con la espesa floresta. La exuberancia tropical seduce con el aroma a especias que perfuma toda la isla. El Hotel Meliá Zanzíbar situado en la costa Este de la isla alberga un océano de paz. Sus playas de arena blanca y océano zafiro rozan el cielo del paraíso. Pero la naturaleza es caprichosa y las vivas mareas descubren mucha roca lo que impide disfrutar de un baño placentero a determinadas horas del día. Para compensar y como aliciente cercano, se puede visitar la capital Stone Town, una ciudad embrujada que se esconde tras la pátina de siglos de esplendor perdidos, como hacen las mujeres de Zanzíbar bajo sus velos musulmanes. Hay que mirar tras las paredes de sus edificios en ruina como se observa en el interior misterioso de los ojos femeninos para encontrar la belleza del sultanato de Omán.

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