No es habitual que en un encuentro empresarial una conferencia se inicie con un vídeo de Shakira, tal como hizo el abogado norteamericano Robert Amsterdam en el XII Congreso Regional de la Empresa Familiar de Castilla y León celebrado el pasado verano. Creo recordar que la canción era la archiconocida Waka Waka (Esto es África), proyectada no para animar a los asistentes a mover sus caderas, sino como sutil recordatorio de que la Audiencia Nacional había dado la razón a la cantante colombiana en su última causa legal con la Agencia Tributaria, que debe devolverle alrededor de 60 millones de euros después de ocho años de litigio.
El mediático caso refleja la situación que se sufre en España, sobre todo empresarios y autónomos, y que Amsterdam disecciona como coautor en el libro Hacienda y el Estado Dual. Hechos, análisis y un llamamiento a la acción para proteger los derechos de los contribuyentes. Para evitar malentendidos sobre el contenido de su intervención ante los principales empresarios familiares de Castilla y León, tituló su conferencia España: el infierno fiscal. Y la verdad, no defraudó.
No estamos acostumbrados por estos lares a escuchar una ponencia tan osada por parte de uno de los abogados internacionales más conocidos en la defensa de opositores políticos y empresarios frente a gobiernos autoritarios, de hecho fue expulsado de Rusia tras enfrentarse a Vladimir Putin en los tribunales, aunque entre sus clientes también se conoció más tarde que tuvo al régimen dictatorial de la República Bolivariana de Venezuela como representante legal y asesor en EE UU. En aquella conferencia, unos atónitos asistentes escucharon decir a Amsterdam que la Hacienda española actúa “como una mafia”. Así, explicó que los bonus que reciben los inspectores de la Agencia Tributaria por abrir expedientes a los contribuyentes, tanto a empresas como a ciudadanos, “es un sistema pernicioso”; se mostró sorprendido de que aunque estos funcionarios se equivoquen no tienen penalización retributiva ni se ven perjudicados en su carrera en la administración pública; considera injusto que los contribuyentes tengan que adelantar el dinero en caso de conflito judicial con Hacienda; y estima que la judicialización de estos casos “es una vendetta pues tardas muchos años antes de que se dicte una sentencia firme”.
No hay presunción de inocencia
En opinión de Amsterdam, en España no hay presunción de inocencia “sino presunción de veracidad. La carga de la prueba se pasa al contribuyente, que tiene que demostrar su inocencia. Esto es ilegal e ilegítimo”. Para este abogado, “la Hacienda española domina el arte de la extorsión, pueden incluir tu nombre en listas públicas y además pueden bloquear tus cuentas bancarias. Por eso, los abogados casi siempre recomiendan a sus clientes pagar, aunque no hayan cometido un fraude”. En su conferencia, aseguró que muchos jóvenes españoles con talento “se han ido de España por miedo a Hacienda” y aseveró que algunos emprendedores sufren inspecciones antes incluso de iniciar su actividad.
Como en verano se dispone de más tiempo, me animé a leer su libro Hacienda y el Estado Dual, que es imprescindible para entender la engrasada maquinaria de “extorsión tributaria” a la que nos enfrentemos, sobre todo los contribuyentes con recursos limitados que no pueden permitirse litigar durante años y prefieren ceder y pagar. Por eso, en esta obra se destaca que una Hacienda “que funciona de esta manera afecta a la inversión, a la confianza económica y a la legitimidad institucional”.
Nos sentiríamos menos ultrajados si los recursos de este expolio fiscal se destinaran a mejorar nuestra red vial, garantizar la seguridad y puntualidad de la Alta Velocidad ferroviaria, salvaguardar nuestra frontera en el sur, actuar con eficacia en las catástrofes naturales, modernizar la sanidad o aumentar la calidad de la antes prestigiosa educación pública (ahí tienen el último Informe PISA). Pero me temo, como usted intuye atento lector, que ese dinero exprimido a empresas y autónomos se dedica en un elevado porcentaje a fines espúreos. Así que cantemos todos juntos Waka Waka (Esto es el infierno fiscal de España).
Para luego ver que nuestros impuestos se los llevan el hermano y mujer del presidente del país, el novio de una presidenta que se los gasta en áticos, o políticos como Zapatero, Ábalos y Santos Cerdán.