La empresa familiar no se rinde

Por: Eduardo Estévez
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La empresa familiar está haciendo sus deberes: resistir en primera instancia para resurgir cuando las circunstancias de la pandemia lo permitan.

El año más difícil en muchos. El mundo se dio la vuelta. En consecuencia, la empresa también. Han pasado muchas cosas en los últimos 12 meses, y casi todas malas noticias. Además de las lamentables consecuencias para la salud, las empresas han sufrido, siguen sufriendo; algunas incluso han desaparecido. Aquellos sectores más afectados están aún hundidos en la UVI, confiando en que las medicinas, a modo de vacunas y ayudas económicas, sirvan para quitarles el respirador.

Desde Empresa Familiar de Castilla y León (EFCL) hemos tratado de contribuir con todas nuestras fuerzas a mitigar esta situación. En primer lugar, ayudando a los más necesitados, a través de la aportación de material sanitario y donaciones cuando más necesario era. Y también a través del Banco de Alimentos, colaborando para que más de 600 familias de nuestra tierra pudiesen alimentarse durante todo un año.

En el ámbito empresarial, lo primero que hicimos fue poner en marcha el sello BSAFE en beneficio de los trabajadores y clientes, limitando y tendiendo a 0 en los contagios en nuestros centros productivos. Asimismo, organizamos un programa que denominamos Capítulos esenciales, con el fin de trasladar a nuestros asociados aquellos temas de máxima necesidad para la gestión de supervivencia que nos tocaba afrontar, como son la digitalización, la liquidez y el mercado online, entre otros.

No hemos dejado de defender aquellos asuntos que pensamos necesarios para facilitar la continuidad de la actividad económica, como lo referente a la supresión del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.

También estamos muy al día sobre los fondos europeos, hasta el momento sin concreción, pero que sin duda tenemos la esperanza de que sirvan para transformar las empresas y la economía.

Digitalización

Hemos aprovechado estos meses para nuestra digitalización, siendo la única asociación de empresa familiar en España con su propia app, que denominamos Connecta, a través de la cual todos los asociados pueden estar en contacto entre ellos, además de tener todas las noticias y la agenda de EFCL en su móvil.

Nos estamos volcando en la formación de nuestra gran esperanza, nuestros jóvenes del Fórum, a través de actividades como la Escuela de valores. Y hemos promovido un reto enorme con el proyecto Tierra de saber a través de nuestra Fundación, con el que pretendemos ayudar a la empleabilidad de los estudiantes de Formación Profesional.

Además, desde hace unas semanas la asociación ha retomado su actividad presencial, con la organización de una serie de reuniones provinciales con nuestros socios, ya que entendemos que es nuestra responsabilidad contribuir a la reactivación económica, siempre con las medidas indicadas para la seguridad de todos.

Resistir

Pienso que la empresa familiar está haciendo sus deberes: resistir en primera instancia para resurgir cuando las circunstancias de la pandemia lo permitan. Porque la gestión de la empresa familiar supone una mezcla del largo plazo y el partido a partido. En primer lugar, esa apuesta por el largo plazo de los proyectos empresariales implica que las familias invierten su patrimonio de generación en generación, por lo que cuando vienen las curvas, el compromiso de los propietarios se hace aún mayor y no se bajan del barco a las primeras de cambio.

El partido a partido significa que las empresas familiares juegan muy bien el envite de la adaptación: sus decisiones son ágiles, lo cual supone una ventaja competitiva, al saber amoldarse rápidamente a los cambios.

En este punto, debo lanzar un mensaje de admiración y profundo respeto hacia aquellas empresas que ni siquiera han podido desarrollar su trabajo porque se lo han impedido: restaurantes, comercios y hoteles, entre otros, están en el alambre. Muchos meses sin poder ejercer su derecho a trabajar y sin ayudas directas, es un drama.

Administración

Estos esfuerzos de la empresa familiar, sin embargo, no van acompañados por el mismo esfuerzo en la parte pública. Administraciones y gobiernos juegan su Superliga al margen de la realidad del que sufre.

En lo que llevamos de pandemia, no ha existido ningún amago por reestructurar el gasto público, optimizar los recursos humanos del aparato, suprimir empresas públicas o incluso fusionar la gestión de las distintas administraciones.

Para algunos, todo sigue igual, ante el desamparo y la desazón de la parte empresarial, que se revuelve atónita ante la dictadura de multitud de normas que les ahogan de burocracia e impuestos, en buena parte destinados para el sostenimiento del propio sistema público, que lejos de centrarse en los servicios a sus ciudadanos, prioriza su estabilidad y continuidad por encima de todo.

A pesar de todo, hay motivos para la esperanza. Hay datos que así nos lo indican. El 92% de las empresas de la asociación reconocía en una reciente encuesta que el Covid-19 les había afectado de algún modo; sin embargo, el 76% también manifestaba que no había reducido el empleo.

Parece que el efecto vacuna también es esperanzador. Esperemos, confiemos en que el verano sirva de antídoto para aquellas empresas que aún están peleando y les ayude a remontar. Mientras tanto, a seguir con lo nuestro, con la gestión de aquello que depende de nosotros. Vamos a por ello.

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