Una estructura empresarial sólida en España depende de la salud de sus empresas familiares. En este ecosistema, la carga administrativa excesiva actúa como un freno de mano para la inversión y el crecimiento. Frente a este escenario, el abismo burocrático consume cerca del 5% del PIB anual en costes indirectos. Además, el absentismo laboral ha escalado posiciones hasta convertirse en una preocupación crítica para la productividad.
Mediante datos recientes, observamos que las bajas por incapacidad temporal han aumentado un 12% en el último ejercicio. Afecta esto doblemente a la empresa familiar, donde la polivalencia del trabajador es difícil de sustituir de inmediato.
Frenar esta tendencia es imprescindible para que las empresas se centren en la gestión y la mejora de la productividad. Impulsar las competencias de las mutuas y el control de las bajas médicas son algunas de las propuestas necesarias para rebajar las tasas de absentismo, ya que no parece justificable que más de un millón y medio de personas falten a su puesto de trabajo cada día en España. Asusta conocer que el coste del absentismo en España supera los 37.000 millones de euros anuales, si sumamos la prestación de la Seguridad Social y el coste directo para las empresas.
Sin una reforma estructural, la salud de nuestras empresas corre un riesgo real de colapso financiero.
Exigimos, además, una inversión imprescindible en un sistema administrativo que habilite un expediente único para las empresas, que centralice las obligaciones fiscales y laborales de una manera más ágil.
Simplificación normativa
Garantizar la simplificación normativa permitiría a los empresarios centrarse en la innovación y la gestión, y no en el papeleo. Una propuesta necesaria es establecer el silencio administrativo positivo y/o la declaración responsable en todos aquellos supuestos que la ley lo permita.
Invertir en desburocratizar es, en última instancia, invertir en rentabilidad y empleo. Resulta vital entender que la competitividad es imposible si no se facilita desde las instituciones una mejor relación entre la empresa y las administraciones.
Barreras invisibles
El futuro del tejido productivo nacional depende de que eliminemos estas barreras invisibles pero asfixiantes. Mantener el statu quo sólo conduce a la pérdida de talento y capital. Objetivamente, es hora de pasar de la queja a la acción legislativa. Solo así prosperarán nuestras empresas.
Las barreras actuales son altas, pero no infranqueables con voluntad política. Un marco jurídico estable es el mejor aliado del empresario. Contamos con el potencial humano para liderar los mercados internacionales, pero hay que reducir la presión regulatoria de forma inmediata. Avanzar hacia la digitalización total de la burocracia ahorraría miles de horas anuales improductivas.
No podemos permitir, en conclusión, que el absentismo y la burocracia lastren a las empresas. Disponer de incentivos claros por productividad cambiaría el paradigma actual. Ofrezcamos soluciones reales a quienes sostienen el estado del bienestar: las empresas.