Liderazgo alexitímico

Por: Félix Alberto Sanz
La capacidad de comunicarnos a través de emociones, clave para liderar.
La capacidad de comunicarnos a través de las emociones es uno de esos requisitos para liderar.

Hace años, aunque lo recuerdo como si fuese ayer, un amigo me dijo llorando en el funeral de su padre que lo que más le dolía de todo era que nunca le había dicho que le quería y que temía que se hubiera marchado de su lado sin saber lo que realmente le quería.

A mí aquello me hizo pensar mucho y darme cuenta de que yo tampoco había dicho nunca a mis padres “os quiero” (al menos desde mi niñez). Así que un día, mientras comíamos, se lo dije. Creo que ha sido la comunicación más complicada que he hecho en mi vida. Era algo parecido a cuando eres adolescente y quieres pedir salir a una chica. Nunca aparece el momento adecuado y cuando llega, las palabras no son capaces de pasar de la garganta, taponadas por el nudo ahí formado por la tensión y los nervios.

Durante la carrera hubo un término, un trastorno, que me impresionó y dejó marcado, tanto por lo que significa como por la belleza fonética de palabra que lo etiqueta: alexitimia. Básicamente se trata de un trastorno por el cual una persona es incapaz de reconocer sus propias emociones y de expresarlas verbalmente.

Trastorno neurológico

Quiero poner la atención en la segunda parte de la enfermedad, en la incapacidad de expresar lo que estamos sintiendo. Quienes sufren de alexitimia tienen un trastorno neurológico que lo causa, pero ¿cuántas personas que no sufren dicho trastorno son incapaces de expresar lo que sienten? ¿Cuántas personas tenemos alrededor de las que intuimos qué pueden estar experimentando pero nunca lo sabemos con certeza pues no son capaces de hacérnoslo saber con palabras? ¿Y qué causamos alrededor nuestro cuando callamos lo que sentimos? ¿Y cuándo lo expresamos? ¿Y cómo nos sentimos cuando lo callamos? ¿Y cómo cuando lo hacemos saber?

Me temo que todos conocemos, especialmente en el contexto laboral, a más personas de las que nos gustaría con esa incapacidad para expresar sus sentimientos. Incluso seguro que conocemos a ciertas personas con una facilidad sobrenatural para expresar sus emociones negativas, las que sin control dañan a los demás (ira, enfado, malestar, insatisfacción, pesimismo,…). La misma facilidad que tienen para ocultar su alegría ante un éxito, su reconocimiento a nuestra labor, reconocer sus miedos y errores, pedir disculpas o mostrar sorpresa.

Modelos de liderazgo

Los modelos de liderazgo cambian con los tiempos y sobre unas bases más o menos fijas, se van incorporando variables que permiten liderar más y mejor. A día de hoy, la capacidad de comunicarnos a través de las emociones es uno de esos requisitos para liderar. No se trata, por supuesto, de estar contando cada 5 minutos cómo te sientes ni de ser una ventilador emocional que impregne toda la sala con el aroma de las mismas, no.

Se trata de felicitar con alegría a una persona de tu equipo si algo ha hecho bien; se trata de poder reconocer que en algún momento temes algo; se trata de pedir ayuda el día en que no te sientes capaz de avanzar; se trata de pedir disculpas sinceras cuando herimos a alguien; y se trata, sobre todo, de mostrarnos humanos a los demás.

A día de hoy las personas queremos que nos lideren PERSONAS, no robots o seres insensibles capaces de llevarnos a los objetivos por encima de todo, a toda costa. Y, para ello, no podemos ser líderes alexitímicos, fríos muros a los que parece que nada afecta y todo rebota.

El día que dije a mis padres que les quería me liberé de un lastre muy estúpido, el de reconocer mis propios sentimientos hacia ellos. Y a ellos les hizo sentir muy bien (o eso parecía).

PD: Una pregunta muy simple: ¿Hace cuánto no le dices a un compañero (o colaborador o jefe) que estás muy contento de tenerlo como compañero (o colaborador o jefe)? Si la respuesta es “hace mucho” o “nunca”, ¿porqué no se lo haces saber hoy mismo?

5 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. La cercanía, empatía, el reconocimiento a alguien, entre otras, son fundamentales para estar bien con uno mismo y que lo demás, por unas palabras honestas de terceros, se sientan importantes y reconocidos.

  2. Gracias David por tu comentario y por poner el foco en el doble sentido de sentirse bien uno mismo y hacer bien a los demás.

  3. Gracias por el post Félix. El problema es cuando te muestras humano y de frente hay siempre un témpano de hielo, muy frustrante. Seguiremos trabajando en que se contagien las conductas, ¿no? saludos

    1. Ana, tu comentario me inspira tres reflexiones:
      1- Como muy bien dices está en nuestra mano seguir trabajando nuestras conductas (de hecho es lo único que está en nuestra mano) hasta que logremos, poco a poco, contagiarlas. Y de no lograrlo al menos no podremos recriminarnos nada a nosotros mismos, hicimos lo que estaba en nuestra mano hacer y estaremos contentos con nosotros mismos. Recuerda que la única persona con la que convivimos toda nuestra vida es con nosotros mismos.
      2- Existe también la posibilidad de, a esas personas que no nos trasmiten nada positivo acerca de nuestro quehacer, preguntarles por cómo hemos hecho tal o cuál cosa o cómo de satisfechos están con nuestro trabajo.
      3- Y una tercera reflexión: A veces, aparentes grandes témpanos de hielo, simplemente son bloques con finas películas protectoras de ese hielo que, tras de sí, guardan (muchos) miedos, frustraciones, rabias, decepciones, tristezas… que no quieren que se repitan y lo que vemos es simplemente eso, esa capa helada y distante que les protege. En estos casos, con calor constante y sincero, podemos llegar a derretir esa protección. A veces una persona que aparenta estar o ser muy fría, lo que está es realmente ardiendo por dentro.
      Haz todo lo que esté en tu mano para contagiar esas conductas, al menos estarás contenta contigo misma
      Muchas gracias por tu comentario. Saludos

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