Mercedes AMG G 63, un cóctel para agitar con mesura

Bond, James Bond, con permiso de Aston Martin, le encantaría este modelo, incluso más que su querido Vesper Martini
Mercedes AMG G 3.
Mercedes AMG G 3.

Bond, James Bond, con permiso de Aston Martin, le encantaría este cóctel, incluso más que su querido Vesper Martini, ya saben. 2 son sus ingredientes básicos. Por un lado tomamos la Clase G de Mercedes, ese legendario modelo que en 2019 cumple 40 años, caracterizado por su inconfundible carrocería de líneas rectas como una caja, que descansa sobre un chasis viga: aquí hablamos de un verdadero todoterreno, nada de  SUV. Por cierto que el G, además de varias actualizaciones a lo largo de su dilatada vida, en 2018 ha experimentado los cambios más importantes como que el antiguo chasis de acero se ha sustituido por uno de aluminio o la suspensión delantera es ahora independiente, si bien detrás mantiene el eje rígido. La carrocería es más grande al medir 4,82 metros de longitud y 1,93 de anchura. A pesar del incremento de dimensiones, el peso no ha aumentado gracias a un uso intensivo de materiales como aceros de ultra alta resistencia o aluminio.

Ya tenemos el primer ingrediente, pero nos falta el segundo. Tomemos el motor del superdeportivo AMG GT, un V8 4.0 biturbo de 585 CV de potencia y 850 Nm de par. Asociada a esta mecánica va la caja de cambios automática  de nueve relaciones Speedshift TCT 9G, que lleva integrada la caja de transferencia. Se puede pasar desde marchas largas a cortas (pulsando un botón) hasta una velocidad máxima de 40 km/h; y la operación inversa hasta los 70 km/h. El valor de reducción es muy elevado: 2:93 a 1, con los que se puede subir por una pared. Bien, pues ya tenemos listo nuestro cóctel: se llama  AMG G 63. Y ahora hay que saborearlo.

Nuestro AMG G63, desde el principio, trasmite seguridad. Sigue fielmente la trayectoria que le marcamos con la dirección y la parte delantera se sujeta al asfalto. A nuestra acción sobre el acelerador, el motor responde de forma progresiva y, al tiempo, tan brutal que recuerda a los grandes atmosféricos de la marca, todo ello acompañado por un evocador rugido.

En el asfalto tiene la compostura y los modales que pueden no ser mejores que los de un Range Rover en términos de suavidad y silencio, pero al menos lo convierten en una alternativa real. Y fuera de la carretera puede hacer cosas que son literalmente increíbles. Tener un G63, a parte de los 173.750 euros que cuesta, exige amar sus raíces aunque a algunos les puedan parecer desfasadas. No en vano Mercedes ha conservado el sonido al cerrar las puertas o los ruidos de la cerradura.
Por cierto, ¿saben que motor lleva el Aston Martin Vantage? Pues este mismo V8 4.0 de AMG, pero con  510 CV. El mismo corazón late en cuerpos tan distintos y tan sugerentes.

¡Ah!, Mister Bond, qué difícil es resistir la tentación de este coche.

Santiago de Garnica

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