Panorámica 360º del ‘skyline’ de la capital del Pisuerga

Eurostars Valladolid, el único hotel de 5 estrellas de la ciudad, abre sus puertas a 2 pasos de la Plaza Mayor con 75 habitaciones de lujo silencioso y un ‘rooftop’ digno de una gran urbe
Azotea del Eurostars Valladolid
Azotea del Eurostars Valladolid con unas impresionantes vistas 360º sobre la ciudad.

Valladolid recupera un hotel de 5 estrellas, que había perdido desde el cierre del Marqués de la Ensenada. El Grupo Hotusa, que ya cuenta con otros 2 establecimientos en la ciudad y 24 en Castilla y León, ha apostado por la capital el Pisuerga para ampliar su oferta en el segmento del lujo, con 75 habitaciones que acoge el Eurostars Valladolid, donde antes se encontraba El Corte Inglés y encima de la macrotienda de Zara.

Su ubicación en el centro histórico, a 2 pasos de la Plaza Mayor y su terraza panorámica 360 grados, lo convierten en una opción perfecta para disfrutar de una estancia confortable en la capital castellana y leonesa, bien comunicada por carretera con casi todas las provincias de la región y con Madrid, también a través del Tren de Alta Velocidad; no así con Barcelona, desde que el Aeropuerto de Villanubla convirtió su oferta en testimonial.

El lobby, excesivamente pequeño, no hace justicia ni al resto de los espacios comunes del hotel ni a las amplias habitaciones, que se distribuyen desde la tercera a la quinta planta, dejando la sexta para la cafetería y el restaurante y la séptima para el rooftop.

Terraza panorámica

Desde la terraza panorámica de moderno diseño, que acoge una piscina infinita y solarium, se puede disfrutar de una magnífica vista del skyline de Valladolid. Aún no está claro qué uso darán a esta azotea, aunque el espacio permite desde un buen brunch hasta las copas tras el ocaso bañando los tejados de la ciudad. El acierto en el uso de este singular emplazamiento puede convertir al hotel en referencia de la capital vallisoletana.

La decoración de las habitaciones y de los pasillos -estos últimos simulan un monasterio renacentista- se impregnan de elegancia austera, próxima al lujo silencioso. El diseño minimalista de líneas rectas, los tonos neutros, acabados en madera, temperatura adecuada y estancias amplias proyectan confort y calidez a las habitaciones, que cuentan con espaciosos baños, bien equipados.

Asador Contrapunto

En el Restaurante Asador Contrapunto, en el que también se disfruta de una bonita vista, que se completa con una terraza de 160 metros cuadrados que conecta con la azotea, se propone una carta donde la brasa es la protagonista desde su cocina vista, pero también ofrece elaboraciones típicas de la cocina castellana puesta al día, como su versión de la Sopa castellana con huevo pochado o el Cochinillo asado y crujiente con patatas al romero y su jugo del rustido. A la oferta gastronómica se suman un lobby bar y una vinoteca, que puede reservarse para eventos privados.

El hotel cuenta también con un pequeño spa, que se puede alquilar en pareja, carta de tratamientos, un gimnasio bien equipado y parking.

Atractivo cultural

Pese a no poseer el título de Patrimonio de la Humanidad, con el que cuentan otras capitales vecinas como Ávila, Salamanca y Segovia, Valladolid tiene un importante pasado histórico -no en vano llegó a ser capital del Reino de España, en la época de Felipe II por un breve período de tiempo- que le otorga esa pátina de abolengo traducida arquitectónicamente en palacios, iglesias, monasterios y museos que salpican su casco antiguo y bien merecen una visita. Para hacerse una idea, aunque sea resumida de la ciudad de José Zorrilla y Miguel Delibes, es preciso dedicar al menos un par de días; lo justo para quedarse con las ganas y repetir.

Como aperitivo cultural imprescindible, además de pasear por sus cuidadas calles del centro, es muy recomendable visitar el Museo Nacional de Escultura con muestras únicas en España de arte sacro del Renacimiento y Barroco, con valiosas piezas de Juan de Juni o Gregorio Fernández -algunas de las cuales procesionan en su célebre Semana Santa-; y el Museo de Arte Africano en el Palacio de Santa Cruz, que alberga una de las mejores colecciones privadas de terracota del Continente Negro.

La capital del Pisuerga ofrece también una atractiva oferta gastronómica que permite saborear desde su afamada cocina en miniatura, conocida por los populares concursos de pinchos de la ciudad, pasando por referentes de su recetario tradicional puesta al día, hasta restaurantes más sofisticados con estrella Michelin. En este apartado, se sitúan Alquimia y el Trigo, con sendas estrellas Michelin.

Restaurante Trigo

Después de 18 años en la calle de los Tintes, Víctor y Noemí (propietarios y cocinero y jefa de sala y sumiller, respectivamente) cambian de ubicación para trasladar su restaurante Trigo a las renovadas y flamantes instalaciones del Museo Patio Herreriano, un lugar que con el buen tiempo les permitirá también dar servicio de terraza en uno de los rincones más coquetos y apacibles de Valladolid, pese a estar en el bullicio del centro histórico de la ciudad. No en vano el museo que los acoge es una joya arquitectónica de estilo herreriano con una premiada reforma y una atractiva colección de arte contemporáneo muy interesante de ver. En este nuevo espacio más amplio y luminoso, Víctor ofrece una cocina contemporánea de cuidada factura con productos del territorio de alta calidad y esmeradas presentaciones, mientras Noemí aconseja sobre una apetecible selección de vinos, donde descubre joyas escondidas de estas tierras del Duero y de otras allende los mares. Déjate aconsejar porque puedes hacer un viaje vinícola sin salir de Castilla y León, que acompañe a una propuesta dividida en 3 menús degustación con creaciones, que varían según temporada con delicado tratamiento de las verduras como los guisantes lágrima o los espárragos, la caza como el jabalí o la chocha perdiz y alguna opción de pescado bien elaborado. Afectuosa hospitalidad, honestidad, armonía y personalidad propia definen este cálido restaurante, galardonado con una estrella Michelin que renueva desde hace años.

Trigo ofrece una cocina contemporánea de cuidada factura con productos del territorio de alta calidad y esmeradas presentaciones.

Villa Paramesa

José Ignacio Castrodeza, conocido popularmente como Chato, es uno de los referentes de la gastronomía vallisoletana, en la que se ha alzado en más de una ocasión con varios galardones de los afamados concursos de pinchos, porque maneja como pocos el arte de la cocina en miniatura. Sin embargo, ha evolucionado de las tapas -que aún se pueden disfrutar en su terraza- hacia creaciones más consistentes, donde destaca su apuesta por el producto de calidad y de temporada y la reinterpretación del recetario tradicional. Con un Sol Repsol y una mención de la Guía Michelin, su céntrico restaurante ofrece desde Sashimi de dorada o Canelones de pularda, hasta sus antológicos Callos de ternera o su logrado Pichón de Bresse. En sala, su hermana Alicia te aconseja con tino sobre excelentes vinos de la tierra o referencias foráneas. Sin duda es uno de los imprescindibles.

Villa Paramesa ha evolucionado de las tapas -que aún se pueden disfrutar en su terraza- hacia creaciones más consistentes, donde destaca su apuesta por el producto de calidad y de temporada y la reinterpretación del recetario tradicional.

El Bar

Con un Sol Repsol, el Restaurante El Bar, que evolucionó, como su propio nombre indica, de una tasca a una taberna de postín, deleita al comensal con una cocina de mercado bien ejecutada sobre manteles de tela, en un pequeño y céntrico local donde suena buen jazz. Con platos reconocibles de cocina afinada muy apegada al producto de temporada, destacan sus creaciones basadas en la huerta, arroces, setas y escabeches. Es preciso hacer caso a sus recomendaciones fuera de carta, siempre con opciones muy apetecibles, como la caza o el atún, aunque a uno le cueste prescindir de sus excelentes callos o de la oreja a la parrilla, que nunca faltan en su menú. Su amplia y destacada bodega merecen especial atención.

El Bar deleita al comensal con una cocina de mercado bien ejecutada sobre manteles de tela, en un pequeño y céntrico local donde suena buen jazz.

Otros destacados representantes de la innovadora gastronomía vallisoletana son Alquimia, distinguido con una estrella Michelin; Dámaso, que al cierre de esta edición aún no había abierto su nueva propuesta culinaria en el Campo Grande, y Suite 22, con una oferta sugerente. En el ámbito más tradicional, están La Parrilla de San Lorenzo y El Figón de Recoletos para los amantes del lechazo en horno de leña. Y en el apartado más fresco, la iniciativa del Grupo Blablabla, con varios restaurantes en la ciudad como Flamma y Raza, brinda un contrapunto interesante.

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