Sobre economía y populismos

Por: Alberto Cagigas
En Castilla y León el golpe en la mesa ha sido más suave ya que las opciones pol
En Castilla y León el golpe en la mesa ha sido más suave ya que las opciones políticas extremas apenas tienen representación parlamentaria, pero hemos visto cómo se ha acabado con la hegemonía de un partido acostumbrado a ganar durante 32 años, un mayor fraccionamiento de las Cortes Regionales y la composición, por primera vez, de un Gobierno bipartito.

Ya he contado que cuando estalló la crisis allá por el año 2007, acontecimiento lejano en el tiempo pero presente en la mente de miles de empresarios y trabajadores en los que aún permanecen frescas las cicatrices provocadas por aquella hecatombre, asistí a numerosas conferencias donde los expertos nos instruían sobre la posible evolución de la economía en los próximos ejercicios con gráficas donde la tendencia podía tener la forma de una L, una V, un guión o incluso una W. En aquella época, mientras que muchos sectores se hundían, la única actividad en alza era la de los gurús, algunos de los cuales parecían más bien feriantes vendiéndonos baratijas teóricas.

De aquellas charlas, sólo permanece en el recuerdo una tesis que el tiempo ha acabado avalando: las crisis económicas derivan en crisis sociales (empobrecimiento de una parte de la población), a continuación se transforman en crisis políticas (en España supuso el fin del bipartidismo) y luego finalizan en crisis institucionales (en nuestro país aparece el auge de los nacionalismos y la extrema izquierda que cuestionan el legado de la Transición y la figura del Rey como jefe de Estado, aspiran a modificar la Constitución y se replantean la organización territorial).

Pérdida de poder adquisitivo

La pérdida del poder adquisitivo y la inestabilidad laboral de un abultado porcentaje de la ciudadanía constituyen el caldo de cultivo perfecto para el auge de los populismos, tanto a la derecha como a la izquierda, los nacionalismos y las políticas proteccionistas que frenan la globalización.
Este florecimiento de opciones políticas que ya parecían superadas no sólo se explica por la pasada crisis sino también por la aceleración de la revolución tecnológica que amenaza con acabar con miles de puestos de trabajo de baja cualificación, la masiva inmigración que ocupa empleos no deseados por los nativos y la competencia de nuevos gigantes como China que arrasa industrias tradicionales en EE UU y Europa. La confluencia de todos estos fenómenos produce desasosiego entre los ciudadanos, que se entregan a políticos mesiánicos que les ofrecen las promesas que los votantes quieren escuchar, aunque nadie les explica cómo se ejecutarán.

En la última década, millones de trabajadores de los países más desarrollados han visto desaparecer el suelo bajo sus pies por la pérdida de poder adquisitivo, la inestabilidad laboral, la amenaza de las nuevas tecnologías y la competencia de países emergentes. Como comenta Thomas Friedman, el famoso periodista que escribió el best seller La tierra es plana, “la victoria de Trump y el brexit no fueron únicamente una reacción a la economía, sino también una reacción cultural por parte de los votantes blancos de clase obrera que sentían que se les había olvidado, que habían sido abandonados y menospreciados, y todo a la vez. Trump y el brexit eran su puño a la cara de un sistema que había amenazado su estatus y su sustento”. En España ese puñetazo tiene forma de populismos de extrema izquierda y derecha y de la pandemia del nacionalismo en varias comunidades autónomas.

Fraccionamiento

En Castilla y León el golpe en la mesa ha sido más suave ya que las opciones políticas extremas apenas tienen representación parlamentaria, pero hemos visto cómo se ha acabado con la hegemonía de un partido acostumbrado a ganar durante 32 años, un mayor fraccionamiento de las Cortes Regionales y la composición, por segunda vez (Aznar y CDS en 1987), de un Gobierno bipartito. Del acierto de la gestión de esta coalición en los próximos cuatro años dependerá que en nuestra comunidad autónoma se mantenga el dique frente a los populismos que ya controlan cuotas de poder en otros Gobiernos regionales. Confiemos en que el experimento salga bien por el futuro de una Castilla y León cuya seña de identidad hasta ahora ha sido una estabilidad política muy apreciada por los inversores.

2 comentarios

  1. Enhorabuena Alberto, por este excelente análisis de la situación en la que nos encontramos en una realidad compleja, mirando desde los más lejano a las consecuencias que estamos viviendo.
    Un saludo

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