Los márgenes marcarán las posibilidades de crecimiento en este ciclo

Por: Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta de Castilla y León
Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta de Castilla y León.
Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta de Castilla y León.

Semanas atrás analizaba el efecto que sobre la economía global produce el interminable proceso de crecimiento de deuda pública en la economía internacional. Revisábamos la evolución de este instrumento que sirve para impulsar la economía en ciclos de crecimiento plano -o incluso ciclos de decrecimiento-, pero que también puede llegar a inducir períodos inflacionarios estructurales. Este es el proceso que se está sufriendo ahora mismo. A pesar del ‘relato’ oficial y oficialista de que la inflación está controlada y cercana al pretendido indicador del 2% como estabilidad inflacionaria en el marco europeo, el proceso inflacionario no está ni mucho menos controlado.   

En el actual escenario de una economía amenazada por no pocas tensiones, sería poco prudente trasladar la idea de que la inflación ‘baja’ o se estabiliza. Esta falsa impresión, propia más bien de un relato ignorante o de dudosa intencionalidad, puede provocar un efecto global de toma decisiones erráticas en el ámbito económico empresarial cuyos efectos serán siempre erráticos.

En este artículo, trato de presentar las principales variables y/o situaciones que prologarán durante un tiempo un estado inflacionario de la economía que amenaza a la competitividad de nuestras empresas.

La inflación de forma estructural se instala en las economías occidentales en el proceso de rebote de la crisis pandémica. Desde el año 2021, el reajuste de los flujos comerciales, la capacidad de la economía para absorber la ingente cantidad de liquidez emitida por los bancos centrales de las economías occidentales durante el año 2020, las tensiones energéticas, y el comienzo de la crisis bélica en Ucrania, impulsaron la inflación a un ritmo inusual hasta esa fecha.

Desde entonces, el ritmo de inflación acumulada en las principales economías occidentales (no tanto en la economía china), ha ido degradando los márgenes empresariales necesarios a la hora de planificar el desarrollo de industrias claves para las economías de los territorios a los que hago referencia.

Vectores o fuerzas que afectarán a la inflación

  • Crisis y tensiones geopolíticas: el impulso a la definitiva y deseada paz en el este de Europa que ponga fin a un largo período de guerra en Ucrania parece que puede ser definitivo durante estos meses. Sin embargo, ese proceso no acaba de llegar, y en la medida en que se alargue, la falta de estabilidad en sectores críticos para la economía se verá traducida en alzas de precios.

El acuerdo que parece estar gestándose, pasa por una cesión de territorios del este de Ucrania a Rusia, por un acuerdo de preadhesión de Ucrania a la UE, por un paquete de ayuda a la reconstrucción ucraniana, y por una salida política para el actual gobierno ucraniano inmerso en no pocas tensiones.

En cualquier caso, la solución siempre deseada es llegar al final del proceso de guerra que lleve a una paz duradera en la zona. Las medidas adoptadas para tal acuerdo tensionarán más en la UE los precios de las materias primas.

A esta crisis bélica se suman las tensiones en Oriente Medio, Venezuela y Taiwan con el inquietante tono amenazante entre Japón y China. Todos estos procesos y conflictos siempre afectan a mayor tensión en las cadenas de valor internacionales y, por lo tanto, en sus precios.

  • El mercado energético en Europa sigue un patrón inflacionista derivado de la crisis geopolítica, de la falta de inversión en las redes de distribución, de la errática política energética de países como Alemania que pusieron toda la responsabilidad energética de su industria en el suministro gasístico, renunciando al mix nuclear-renovable-eléctrico-cogenerable, y de la excesiva exposición a la producción únicamente renovable -caso español- que ha generado eventos desgraciados como el gran apagón del 28/A, creando un clima de desconfianza y medidas garantistas en la producción de inercia energética que son esencialmente inflacionarias.  
  • El mercado de hidrocarburos goza en la actualidad de un descenso en el precio del barril. El cártel de la OPEP plus (+), condicionado en parte por los intereses de EEUU en no contribuir al incremento del precio del petróleo, ha conseguido estabilizar el precio del oro negro en estos últimos meses.

EEUU se convierte en un gran productor mundial para autoabastecerse y asegurar que uno de los principales bienes de consumo de aquel país no incremente su precio, especialmente cuando se acercan a las elecciones de ‘mitad de legislatura’ a finales del año 2026 que pondrán a prueba el grado de aceptación de la potente clase media de EEUU a las políticas del ejecutivo republicano. Sin embargo, estas fuerzas que tratan de estabilizar el incremento del precio del petróleo con más oferta se compensarán con el incremento de la fiscalidad de estos hidrocarburos y con el precio sobre el tratamiento del petróleo para refinarlo y adaptarlo al consumo doméstico e industrial.

  • Deuda pública europea: los retos de la política de la eurozona, que pasan por una apuesta por el sector de la defensa y la seguridad, obligarán a un ajuste en determinados sectores que afectarán a los precios de bienes de consumo en nuestros territorios. En este sentido, la ya pregonada y anunciada decisión de incrementar el gasto en defensa para hacer frente a la crisis bélica y la amenaza rusa en la UE, va a obligar a una emisión de deuda pública europea para financiar tal fin.

La crisis de la industria alemana que arrastra a su economía y la tensa situación francesa con relación a su déficit público obligarán a mayores niveles de emisión de deuda pública, bien sea de manera individual desde cada país miembro o desde el marco común de emisión (eurobonos). Estos procesos de incremento de la deuda pública vendrán acompañados de más política monetaria expansionista impulsando los precios.

  • Los recortes en políticas estructurales de apoyo a la producción primaria del campo europeo (PAC) son profundamente inflacionarios en sí mismos. Afectan a la producción de recursos endógenos del campo, abren la puerta de la entrada de producción primaria de otros mercados en condiciones favorables para las importaciones, y lo que es más grave, no se acompañan de medidas estructurales de apoyo a la productividad de nuestros productos. El mensaje que se está proyectando al campo europeo (español) es bastante peligroso y pone en peligro la viabilidad de nuestro sector agroalimentario.

La política comercial de la UE, que trata de responder al proteccionismo impuesto por EEUU, tal y como analizamos posteriormente, con impulso a marcos de acuerdos como el de MERCOSUR es acertada a largo plazo. Sin embargo, en el corto plazo supone una amenaza en las importaciones de producción primaria que amenaza a la producción local europea que es presa de una excesiva burocratización y falta de productividad en su actividad. Las importaciones de producción primaria desde mercados como Marruecos, Ucrania y Mercosur, suponen una grave amenaza en el corto plazo si antes no se han fijado las mismas ‘reglas de juego’ para competir en las mismas condiciones, si no se ha establecido un sistema que promueva la productividad en la UE del sector, y si no se ha dado una solución a la imposición regulatoria europea que desincentiva la actividad en el campo. Si realmente se apuesta por este sector, hay que demostrarlo con estas medidas.

  • Aranceles: la nueva escena internacional dentro del comercio está presidida por un creciente proteccionismo y se refleja en la implantación de aranceles entre los principales bloques económicos que rigen la economía mundial.

Los aranceles han llegado especialmente de la mano del Gobierno de Estado Unidos y van a permanecer instalados en el comercio internacional provocando un nuevo ajuste en las cadenas de valor y suministro que será inflacionista. Aunque estos aranceles, o parte de éstos, se pudieran eliminar en un futuro no previsible, los costes y los márgenes se habrán ajustado para entonces sin posibilidad de readaptación a un escenario más liberal y a una reducción en los precios.

Corren malos tiempos para el neoliberalismo y la globalización. El capitalismo de estado chino y el mercantilismo de EEUU amenazan con llevarse por delante tres décadas de progreso económico mundial en base al liberalismo, claro está, todo ello con matices.

Algunos de estos matices tienen que ver con el efecto arancelario en el corto plazo en EEUU. El potente mercado de consumo de EEUU parece no haber descontado aún en su totalidad los efectos inflacionarios, incluso en algún producto se ha producido una aparente caída de los precios. Sin embargo, lo que puede aparentar como fenómeno de mantenimiento o incluso reducción de precios, es más bien un efecto de corto plazo de la política fiscal arancelaria que conlleva mayor presión fiscal y menor gasto público en un intento de enfriar la economía, es decir una política fiscal contractiva. Este proceso lleva a una reducción de la deuda pública del país norteamericano y un shock de demanda al enfriarse la economía con la posibilidad de destrucción del empleo.

Al reducirse la demanda por la mayor presión fiscal, los precios de algunos productos pueden aparentar una bajada, sin embargo, la evolución relativa real de los productos por el efecto de los aranceles será de crecimiento en el medio y largo plazo, especialmente teniendo en cuenta que difícilmente la deuda pública de aquel país va a decrecer por la inercia de gasto que lleva el Gobierno de EEUU y por la urgencia política de llegar a las elecciones de Mid-Term a finales de 2026 con suficiente liquidez en su economía.

Previsiones internacionales de inflación

Con este escenario, nos movemos en un nivel de previsiones de inflación que para el año 2026 en zona euro está en un rango entre el 1.6% y un 1,7%. El mismo margen (algo incrementado hasta el 2% en las proyecciones más optimistas) se espera en el mercado español. China se moverá entre el 0,7 y 0,8%, con lo que supone de margen para habilitar políticas monetarias que les beneficien en el marco internacional. En la medida que los factores antes desglosados no sufran demasiadas tensiones podremos contemplar unos niveles de inflación señalados, sin embargo, estando en un ciclo tan inestable, no debería sorprendernos demasiado si el nivel de inflación se eleva hasta porcentajes por encima del 2,5% de inflación para la UE en el año entrante por la desviación de algunos de los factores o vectores señalados anteriormente.

Estos niveles de inflación esperados y corregidos deben ser la base para que las pymes hagan sus estimaciones de costes y de consumo para sus ingresos.

Lamentablemente, la evolución desde el año 2020 de la inflación y las rentas reales no favorecen grandes expectativas en el crecimiento del consumo en países occidentales. Es el lógico proceso al que lleva la inflación y es el proceso que se viene viviendo en la empobrecida clase media europea.

Para que nos hagamos una idea de la evolución a la que hago referencia, si hacemos el análisis de inflación acumulada entre los años 2020 y 2025 para distintos territorios y lo comparamos con la evolución para los mismos territorios y el mismo plazo del salario real, comprobamos cómo ese proceso de ‘empobrecimiento’ es firme y preocupante en el segmento poblacional sobre el que pivota el crecimiento de la economía.

Para la UE (27), la media de inflación acumulada entre los años 2020 y 2025 es de un 15-12% mientras que la media del crecimiento del salario real es de un 4-2%.

Para EEUU, la media de inflación acumulada para el mismo período es de un 20-18% mientras que el crecimiento real de salarios es de un 5-3%.

Para China, la media de inflación acumulada en el período analizado es de un 25-23% mientras que el crecimiento real del salario es del 6-4%.

Si tomamos estos datos para España, la media de la inflación acumulada está entorno al 23% en el mismo período mientras que el crecimiento real del salario está en torno a un crecimiento negativo del (-3 a -1%). Es decir, aunque tengamos crecimientos de la economía en términos de PIB sobre los que incide especialmente el gasto público y la incorporación de capital humano al mercado laboral principalmente del sector servicios, el poder adquisitivo medio se ve afectado negativamente en relación con la inflación. Este efecto puede producir un shock de demanda afectando al consumo en el medio plazo.

Afección a los márgenes empresariales

Los factores o variables antes analizados que durante el año 2026 podrán tensionar al alza los precios, especialmente en Europa y en EEUU, van a convivir con cuestiones coyunturales como el efecto ampliado de crisis sanitarias animales, como el caso reciente de la peste porcina, que pueden producir un temido shock de demanda.

Si atendemos a la evolución de los márgenes empresariales desde el año 2020 podemos afirmar que el efecto en España de la crisis covid y posterior rebote con la crisis inflacionaria y persistencia de la deuda pública que impulsa la presión fiscal ha hecho retroceder la media de márgenes de contribución de las empresas a cifras del año 2019, es decir no hemos evolucionado en 5 años a niveles de crecimiento estables.

Uno de los principales retos en la actividad empresarial en este ejercicio entrante, especialmente por parte de las pymes, debería estar enfocado a la optimización de sus cuentas de resultados.


Los factores antes descritos como impulsores de la inflación afectarán a los costes empresariales. En la medida en la que las fuerzas que impulsan la inflación persistan y exista un proceso inflacionista casi estructural, los márgenes se irán degradando si no se es capaz de articular mecanismos de optimización de costes y lo que es tan o más importante, de maximización de ingresos.

Desde la perspectiva de costes, la atención de la empresa debe fijarse en la gestión de aprovisionamiento para la actividad productiva, la optimización de los consumos energéticos con especial foco en la inversión en autoconsumo para racionalizar el gasto energético, la gestión logística, la inversión en talento -cada vez más compleja y necesaria-, y la perspectiva y previsión fiscal.

Por el lado de los ingresos, facturar más, a menudo no es sinónimo de ganar más. Este principio, que linda en la obviedad, es a menudo menospreciado por no pocas pymes que deben poder adaptarse a un proceso de crecimiento orgánico para adaptarse al mercado.

Por no alargarnos mucho en este análisis, encontramos dos opciones que son necesariamente complementarias al proceso de maximización de márgenes. Desde la perspectiva de los ingresos, el crecimiento en las ventas, habida cuenta que se espera un consumo ‘relativamente’ estable en nuestro territorio durante el año entrante, exigiría de una apuesta absolutamente imprescindible por diversificar los mercados a los que tratar de introducir el producto o servicio comercializado. Es decir, se hace necesaria una ampliación de los posibles mercados a través de la internacionalización.

Debemos tener en cuenta también que aquellos países que hasta ahora han sido los que más impulsaban la demanda exterior para España (Castilla y León) y que lideran la economía europea, arrastran una crisis económica que frenará la demanda, por lo que hacer una previsión de mercados en crecimiento en estos momentos es esencial.  En muchos de estos mercados, se podrá defender con más solvencia la maximización de un precio en base a la calidad de los productos o servicios ofertados. Para poder acudir a nuevos mercados buscando la defensa de un precio más alto que permita más margen, debemos invertir en la mejora del bien a comercializar en base a la innovación, un proceso que suele agregar valor al producto o servicio. En este proceso, sólo podrá ir ligado de una digitalización esencial para ganar en productividad de la empresa o negocio.

En estos procesos, se hace necesario el conocimiento de las ayudas públicas que existen desde las distintas administraciones. A menudo estas ayudas y subvenciones no son usadas por las empresas con la asiduidad requerida, perdiendo así una fuente muy interesante de impulso a estas políticas de internacionalización e innovación.

Por lo tanto, para poder hacer una proyección de futuro en la optimización de la cuenta de resultados que abarque el control de gastos sujetos a la inflación y la maximización de los ingresos, es necesario enfocar la diversificación de mercados y la inversión en innovación de los productos y procesos.

El crecimiento en una actividad pasa por invertir en la mejora del producto y / o servicio y subsistir a la amenaza sobre los márgenes.

Aunque parezca que el entorno sea hostil para el crecimiento -y en buena medida lo es- estas etapas son esenciales para hacer un profundo análisis de la estructura de costes y la previsión de ingresos en base a los factores antes mencionados.

Parte de los procesos explicados hasta ahora confluirán en una reestructuración profunda de las capacidades industriales europeas dando lugar a concentraciones empresariales que ya estamos viendo. Estos procesos son siempre un riesgo y una oportunidad. Riesgo, en la medida en la que las concentraciones pueden afectar a plantas o unidades productivas llamadas a reestructurarse o cerrar en operaciones de concentración, y oportunidad, porque puede llevar consigo el crecimiento de las plantas beneficiadas de esa concentración empresarial.

En estos casos, resultan beneficiadas aquellas plantas capaces de demostrar que tienen la capacidad para adaptar su plantilla a los retos de la concentración de producción, que tienen una previsión de costes optimizada, y que demuestran eficiencia y flexibilidad en los proyectos.

Puede parecer de este análisis que no es el momento adecuado para iniciar una inversión por el ciclo económico que atravesamos sujeto a muchas tensiones. Sin embargo, si bien no es quizás el momento óptimo para ‘animar’ a la inversión, lo es para ‘tomar la iniciativa’ de la inversión. Toda crisis es una oportunidad para el crecimiento y la iniciativa empresarial. Por otro lado, dejarse llevar por la inercia actual, sí que es definitivamente arriesgado por los factores analizados que amenazan a los márgenes empresariales.

Terminamos el año 2025 con muchas más certezas que incertidumbres en este cambio de orden económico mundial. Sirva este artículo para agradecer y homenajear a tantos y tantos empresarios de Castilla y León, y del resto del territorio español, que a pesar del entorno hostil al que he hecho referencia, siguen demostrando una firmeza y una energía en sus decisiones empresariales que son claves para la continuidad y crecimiento de la actividad empresarial.

A todos, el deseo de un año 2026 lleno de salud, éxitos y paz para el mundo.

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