Desde hace más de un siglo, Castro y González centra sus esfuerzos en 3 aspectos fundamentales: el trabajo artesano, el cuidado de la dehesa y la apuesta por preservar la raza ibérica de sus cerdos. Todo ello ha dado como resultado lo que Aurelio González, copropietario de esta empresa jamonera de Guijuelo (Salamanca), define como “una impecable genética de los animales, que nos permite una regularidad sin comparación en nuestros productos”.
Con una facturación de 21 millones de euros en 2025, que supuso un crecimiento del 12% respecto al ejercicio anterior, y un equipo formado por cerca de 70 profesionales, los objetivos estratégicos de Castro y González se dirigen a afianzar 3 pilares fundamentales, el primero de los cuales es el control total de la producción desde el origen, pasando por la alimentación y por exhaustivos procesos de calidad en la fábrica. En cuanto al segundo, la artesanía, Miguel González, copropietario de la compañía, señala: “utilizamos las manos, creemos en las personas y somos una familia”; y añade que el tercer eje es la sostenibilidad, un área en la que la empresa realiza inversiones que fomentan la eficiencia energética y el bienestar animal, entre otros factores.
Respeto al medio ambiente
Estos 2 hermanos destacan que su manera de trabajar se resume en “hacer las cosas como se hacían antes, respetando el medio ambiente, sus ciclos y sus tiempos, pero a la vez elevando los controles en busca de la máxima calidad de los productos gracias a muchos años de esfuerzo, dedicación y aprendizaje, a curaciones largas y a caminar por las bodegas cada día, observando, calando y olfateando. Una forma de actuar a la que se suma el respeto por el buen hacer de todo el personal, en constante formación”.
Según detalla Aurelio González, la compañía ha incluido las últimas innovaciones del sector en su día a día, actualizando sistemas de secado, salazón y postsalado, entre otros, “pero siempre respetando los procesos tradicionales”. Así, Castro y González sigue curando sus productos en bodegas naturales, lo que reduce el impacto ambiental al mínimo, sin apenas gasto energético, “con el viento como protagonista, de la forma más tradicional y respetuosa posible: abriendo y cerrando las ventanas de los secaderos durante las 24 horas de los 365 días del año para que circule el aire”, añade el copropietario de esta compañía, que comercializa jamones de bellota 100% ibéricos y 75% raza ibérica, CYG Fusión (curado 12 meses en Guijuelo y 24 meses en Huelva) y CYG Selección; así como embutidos ibéricos, como salchichón y chorizo, y carnes frescas, como presa, secreto, pluma y carrilleras.
Exportaciones
En la trayectoria de esta empresa, creada en 1910 por el bisabuelo de la actual generación, 2011 marca el inicio de las ventas en el exterior, que en la actualidad suponen el 15% de la facturación, con presencia en Reino Unido, China y Portugal, como principales mercados, a los que se suman Suiza, México, EE UU, Hong Kong y Sudáfrica, entre otros. “Para las compañías de nuestro sector, las exportaciones son fundamentales para el desarrollo de la marca y la diversificación del negocio. De hecho, en el último semestre de 2025 nuestra presencia en el exterior creció cerca de un 25%”, comenta Miguel González.
100 años al cuidado de la raza ibérica
Los orígenes de Castro y González hay que buscarlos en 1910, cuando el bisabuelo de la actual generación sacrificaba dos cerdos a la semana para venderlos de manera muy local. Ya entonces la premisa era ofrecer un producto de muy alta calidad gracias a la crianza de los animales ibéricos puros en el campo, alimentados con bellota y hierba.
La evolución de la pequeña empresa familiar experimentó un crecimiento significativo en los años 40 cuando el abuelo Aurelio Castro Benito incrementó la distribución nacional a través de mayoristas. Gracias a ese empuje, Castro y González todavía mantiene una importante red de distribución, que es su principal ventaja para llegar al público final.
En la década de 1970 se incorporó al negocio Miguel González, yerno del fundador, que renovó la empresa con formas de trabajo que implicaron comercializar su propia marca, consolidar el mercado nacional, incrementar la inversión en instalaciones y maquinaria, modernizar los procesos productivos y aumentar la inversión en marketing y publicidad.
A partir de los años 90, la compañía centra sus esfuerzos en lo que es su gran enseña: el control de la cabaña gracias a una granja propia de madres ibéricas que garantiza una calidad y regularidad en todos los productos elaborados con el control absoluto del producto y que está formada por 2.000 hembras ibéricas de bellota. A esto hay que añadir la construcción de una fábrica de cereales que, junto a su propio molino, permiten preparar el alimento de los lechones en sus primeros días de vida tras el destete.
Al frente de la familia continúa Miguel González, que dirige las fincas de ganado, junto a sus 2 hijos, Miguel y Aurelio, que son los responsables de la modernización de la firma y de la búsqueda de nuevos mercados en todo el mundo.
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