Una clase empresarial envejecida

Por: Alberto Cagigas, director de Castilla y León Económica
Empresaria.
Un territorio en el que desciende el número de empresarios a la vez que aumenta su edad media está condenado a la decadencia.

Cualquier persona bien informada sabe que tal vez el principal reto que tiene Castilla y León como sociedad es la constante pérdida de población, cuya tendencia a la baja se corrige en puntuales ocasiones por la llegada de migrantes y no por la natalidad, y su progresivo envejecimiento, con una edad media de 48,61 años en 2025 y con provincias como León, que se aproxima a los 50 años, o como Zamora, donde se supera ampliamente ese dígito, siendo la provincia más envejecida del país.

Estas cifras se trasladan, lógicamente, al perfil de nuestro tejido empresarial, con unos datos, más que preocupantes, muy alarmantes pues según un reciente informe en 2023 el 44,7% de los empresarios de nuestra comunidad autónoma superaba los 55 años, lo que supone un incremento del 3,2% sobre 2019. Además de contar con una clase empresarial más envejecida, cada vez tenemos menos pues de 2019 a 2023 hemos pasado de 184.873 empresarios a 174.280.

Creación de riqueza y empleo

Un territorio en el que desciende el número de empresarios a la vez que aumenta su edad media está condenado a la decadencia, porque son ellos quienes crean riqueza y empleo, quienes dinamizan las poblaciones para que sus habitantes no emigren en busca de mejores oportunidades, quienes captan y fidelizan talento, quienes pagan elevadas cargas tributarias para sostener los servicios públicos, quienes promueven las inversiones, quienes modernizan las sociedades.

A lo largo de mi trayectoria como director de esta publicación desde hace casi 3 décadas, he conocido a veteranos empresarios con más de 70 años que han seguido dirigiendo con éxito sus negocios, e incluso algunos han fallecido estando al frente de sus compañías. Ellos aportan experiencia, sabiduría y temple ante las dificultades, pero no nos engañemos, en la mayor parte de los casos habían perdido el empuje de épocas pretéritas. O se rodeaban de ejecutivos más jóvenes o la empresa iniciaba su decadencia. Por eso, una comunidad autónoma como la nuestra donde casi la mitad de sus empresarios tiene más de 55 años empieza a tener más pasado que futuro.

Fomentar el emprendimiento

Ante este escenario, urge diseñar una estrategia para fomentar el emprendimiento entre los más jóvenes, facilitar desde las administraciones públicas el relevo generacional sobre todo en las empresas familiares mediante medidas fiscales y ayudas y atraer inversores de otras zonas. Además, para atajar este problema CEOE Castilla y León también propone otras medidas como la reducción de trabas administrativas, más incentivos para la inversión, el emprendimiento rural, un mejor acceso a la financiación y soluciones para las vacantes laborales.

En este aciago panorama, existen algunos datos esperanzadores como el mayor número de negocios constituidos por los extranjeros, que en la mayor parte son autoempleo para poder ganarse la vida y micropymes, y el ligero aumento del emprendimiento, que ha experimentado un crecimiento del 1,2% en 2024, situándose en el 6,5% de la población, según un reciente informe presentado por la Universidad de León y el Instituto para la Competitividad Empresarial de Castilla y León (ICECYL). Este estudio también destaca que el 9,6% de la población tiene intención de emprender en los próximos tres años, lo que sitúa el potencial emprendimiento de nuestra región por encima de otras autonomías más dinámicas como el País Vasco o Navarra. La duda, más que razonable, es si este ímpetu emprendedor puede sustituir los próximos ceses de actividad de la veterana generación de hombres de negocios.

Rejuvenecer la clase empresarial

Si de verdad queremos una Castilla y León próspera y con un futuro ilusionante, tenemos que trabajar desde hoy mismo en 3 frentes para rejuvenecer nuestra clase empresarial: fomentar la cultura del emprendimiento en toda la sociedad, sobre todo en el ámbito educativo empezando por los colegios; facilitar el relevo generacional de los negocios tanto en las compañías familiares como entre los autónomos, como con el programa Relevacyl diseñado por la Junta de Castilla y León; y captar más emprendedores extranjeros y de otras zonas de España. De no ser así, seremos testigos del declive de una Castilla y León que se marchita inexorablemente sin una segunda oportunidad sobre la tierra, como dejaría escrito Gabo.

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