La historia de Cocope es la de una transformación constante. Constituida en Peñafiel (Valladolid) el 21 de noviembre de 1968, esta cooperativa surgió con un propósito sencillo pero ambicioso: unir fuerzas para comercializar cereales de manera más eficiente. Aquel proyecto, impulsado por 54 socios fundadores, ha crecido hasta convertirse en una referencia del cooperativismo agroalimentario de Castilla y León, con 729 socios en la actualidad entre integrantes activos y colaboradores. Su área de influencia comprende Burgos, Palencia, Segovia y Valladolid.
Los primeros pasos fueron modestos: una parcela de 4.200 metros cuadrados, 8 silos con capacidad para 1.800 toneladas y una báscula para controlar las entradas y salidas de cereal. Pero el crecimiento llegó pronto. En 1973 Cocope amplió sus instalaciones, sumó nuevos silos de 12.000 toneladas y vio cómo la cifra de socios se disparaba hasta los 450. A partir de entonces, la cooperativa comenzó a diversificarse: almacenes para fitosanitarios, semillas y fertilizantes, oficinas, centros de selección y equipamiento, que permitió modernizar cada proceso.
Durante las décadas siguientes, se sucedieron nuevas inversiones: ampliación de terrenos, construcción de naves especializadas, mecanización, instalación de mezcladoras de fertilizantes y mejoras constantes en la recepción y tratamiento del cereal. La incorporación progresiva de tecnología transformó a Cocope en una cooperativa puntera y preparada para asumir nuevos retos.
Bodega Pinna Fidelis
A finales de los años 90 llegó una apuesta inesperada, pero visionaria: la destilería de plantas aromáticas. 70 socios se sumaron al proyecto, aportando más de 320 hectáreas de lavanda, lavandín y romero. Poco después, Cocope adquirió una nueva parcela y emprendió una de sus obras más emblemáticas: una bodega propia para elaborar vinos dentro de la Denominación de Origen Ribera del Duero.
La Bodega Pinna Fidelis representa uno de los hitos más ambiciosos y exitosos dentro del proyecto cooperativo de Cocope. Fundada en 2001, esta bodega surge para dar un nuevo impulso vitivinícola a la cooperativa, empleando la variedad autóctona tempranillo en viñedos repartidos alrededor de Peñafiel y comarca. La bodega adopta una filosofía muy vinculada al terruño: busca reflejar en sus vinos las peculiaridades del suelo y del microclima de la Ribera.
Pinna Fidelis ofrece una gama bastante diversa, adaptada tanto a los consumidores más clásicos como a quienes buscan vinos más accesibles con carácter moderno. En tintos elabora Roble, Crianza, Reserva, que envejece durante 18 meses en barrica; y Gran Reserva, exclusivo de añadas excepcionales: fermenta durante cerca de 40 días, luego pasa 24 meses en barrica nueva de roble francés, con trasiegos periódicos para mantener la calidad.
En los últimos años, la bodega ha reforzado su modernización y su compromiso con la sostenibilidad, con la rehabilitación de las salas de catas y tienda, incorporando espacios más modernos y acogedores.
Además, se han instalado cargadores para vehículos eléctricos, lo que demuestra una clara apuesta por la movilidad sostenible y una visión hacia el futuro. No en vano, la propia Cocope ya había comenzado a generar su propia electricidad mediante energías limpias con la instalación en 2021 de una planta fotovoltaica de 100 kilovatios en la cubierta de la bodega.
Fundación y Residencia Cocope
La vocación cooperativa fue más allá del ámbito agrícola. En 2006 se creó la Fundación Cocope, cuyo objetivo principal era impulsar una residencia para personas mayores. La obra comenzó en 2008 y, tras un amplio proyecto que integraba habitaciones medicalizadas, zonas de rehabilitación, cafetería, peluquería y servicios asistenciales completos, la residencia abrió sus puertas en abril de 2011. Este compromiso con el bienestar social le valió a Cocope el accésit en el Premio a las Cooperativas Socialmente Responsables en 2011.
Los últimos años han estado marcados por fusiones estratégicas. En 2017 Cocope integró a la Cooperativa Campaspero y, en 2019, a Agrícola La Peña, de Cogeces del Monte, ambas de la provincia de Valladolid. Estas uniones ampliaron el número de socios, reforzaron la presencia territorial y mejoraron la capacidad de servicio a los cooperativistas.
Cocope cerró el último ejercicio con una cifra de negocio de 22,98 millones de euros, una cifra que consolida la tendencia de crecimiento de los últimos años y refleja la solidez de la actividad de la entidad, incluso en un contexto económico exigente para el sector.
De cara al próximo ejercicio, las previsiones son optimistas. Según las estimaciones realizadas, se espera alcanzar una facturación cercana a los 25 millones de euros, lo que supondría un incremento cercano al 9% respecto al año anterior. Este crecimiento previsto se apoya en la ampliación de las líneas de actividad, la mejora de los servicios ofrecidos a los socios y el esfuerzo continuado por optimizar los procesos productivos y comerciales.
En conjunto, los datos confirman una evolución positiva y un horizonte de expansión sostenible para el próximo año. La producción cereal, oleaginosas y legumbres en la campaña 2024-25 alcanzó las 40.916 toneladas, mientras que la cifra provisional de la 2025-26 ronda las 49.000 toneladas.
Respecto a la producción de uva, en la campaña 2024-25 se recolectaron 786.341 kilogramos, cifra que en la vendimia 2025-26 superó los 1,03 millones de kilos.
Valoración del sector
Castilla y León sigue siendo “uno de los grandes pulmones agrícolas de España: fuerte en cereales, ganadería extensiva y con un viñedo y una industria agroalimentaria crecientes, pero somos un sector cansado y desgastado. Los agricultores sienten que su peso real no se refleja en la toma de decisiones. La normativa europea cambia cada dos años, la PAC exige más papeleo que resultados y las administraciones, tanto regionales como nacionales, parecen desconectadas de la realidad del territorio”, señalan en Cocope.
Los responsables de la cooperativa peñafielense añaden a su reflexión: “si hay un punto de ruptura en el sector, es la economía de las explotaciones. Los agricultores viven una ecuación imposible: el precio del cereal cae cuando aumenta la producción, los fertilizantes, semillas, gasóleo y maquinaria siguen encareciéndose; y la meteorología, más extrema cada año, exige inversiones adicionales en seguros, riegos o infraestructuras. La realidad es que la rentabilidad está en mínimos históricos. La profesionalización ha subido, las explotaciones se han modernizado, pero el margen ya no acompaña. Y la burocracia nos ahoga. Pocas actividades están tan reguladas como la agricultura. Lo que debería ofrecer estabilidad se ha convertido en una trampa: nuevos cuadernos digitales, inspecciones, exigencias medioambientales contradictorias, plazos imposibles y normativas diferentes según comunidades que se solapan con las europeas”.
En Cocope ven con preocupación el envejecimiento de su base de socios y el relevo generacional. “Nos enfrentamos a varias brechas que afectan directamente a la evolución y continuidad del sector a través del relevo generacional cada vez más escaso lo que nos está llevando a la despoblación que vemos día a día en nuestra comarca y en todas las poblaciones rurales. En pocos sectores se ve tan claro el riesgo de envejecimiento Castilla y León podría perder, en menos de una década, el 40% de sus agricultores activos. Hay jóvenes formados pero el sector sigue siendo poco atractivo para ellos porque requiere inversiones altas, los ingresos son inciertos, la dependencia de ayudas es excesiva y la conciliación familiar es prácticamente inexistente”, apuntan.
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