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Cómo la pérdida de valores arruina la economía

Por: Alberto Cagigas, director de Castilla y León Económica
Sociedad
“Y en ésas estamos, con una sociedad anestesiada en la que una parte de sus ciudadanos piensa que sin esfuerzo se puede aspirar a disfrutar de una acomodada vida”.

El pasado mes de mayo organizamos los XXIII Diálogos Castilla y León Económica, en los que tuvimos como personalidades invitadas a Valentín Pich y a Juan Carlos de Margarida, presidente y secretario general del Consejo General de Economistas de España, respectivamente, acompañados de un reducido y exclusivo grupo de empresarios y consejeros delegados de las principales compañías de Castilla y León.

Pese al perfil profesional de nuestros ponentes, para mi sorpresa en ningún momento se habló sobre el crecimiento del PIB, ni de guarismos económicos, ni de datos sobre esa amenaza conocida como inflación subyacente, ni de la evolución de los costes energéticos, ni de la subida de los tipos de interés.

Principios que rigen una sociedad

No, por el contrario, se conversó sobre todo de algo tan mundano como los principios que rigen una sociedad. Como resaltó Pich, “hay que volver a los valores de toda la vida, a los que funcionan. El valor de cuidar de las cuentas públicas, que son sagradas porque son de todos; el valor del trabajo, que recordemos que es una virtud; y el valor del ahorro. Unos valores que nos inculcaron las generaciones precedentes y que estamos perdiendo”.

Este sutil análisis sobre una sociedad aledada como la española fue compartido por los empresarios y directivos presentes en el debate al coincidir que esa pérdida de valores se refleja también en la ausencia de una cultura del esfuerzo, del compromiso por los proyectos, de la admiración por el que tiene éxito, del sacrificio, del amor por el trabajo bien hecho, de la satisfacción por alcanzar objetivos complicados.

Sociedad anestesiada

Como decía el gran escritor y apologista inglés Gilbert Keith Chesterton, “lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”. Y en ésas estamos, con una sociedad anestesiada en la que una parte de sus ciudadanos, cada vez mayor, aún cree en la eficacia de medidas populistas que han arruinado los países donde se aplicaron, piensa que sin esfuerzo se puede aspirar a disfrutar de una acomodada vida, exige que Papá Estado debe de cubrir todas las necesidades vitales desde la cuna a la tumba, considera que engullendo series de Netflix apoltronada en el sofá puede aspirar a poseer vivienda, coche y vacaciones en destinos exóticos y exhibe sin rubor sus aspiraciones aristocráticas de vivir sin trabajar, eso sí, a consta del sudor de la frente, y de los impuestos, de otros ciudadanos más laboriosos.

Ni Pich, ni De Margarida ni los empresarios ni los directivos hablaron de previsiones económicas, sino de principios, conceptos que un despistado puede entender como algo ajeno a la economía, pero que muy al contrario inciden directamente en el desarrollo de los pueblos y en el potencial de su futuro. Quiero imaginar que en el monumental espacio donde se generaba este debate, en el Refectorio de Abadía Retuerta LeDomaine, los monjes premostratenses ya abordaban esta temática de la pérdida de valores, allá en el lejano siglo XII a orillas del Duero, entonces frontera entre reinos cristianos y árabes y ahora mítico río vinícola.

2 comentarios

  1. Magnífico Alberto. Además no se detecta preocupación social, ni gubernamental, alguna ante la posibilidad de que los “ciudadanos más laboriosos” nos cansemos de serlo y de soportar la pesada losa de pagar la fiesta organizada por otros…

  2. Me alegra que los grandes empresarios hablen de valores, que en definitiva son los que construyen las sociedades. Pero el problema de fondo es definir correctamente cuales son esos valores que nos hacen más fuertes como sociedad; dudo que los que se expusieron en la reunión sean los más adecuados, dado que estos son los imperantes desde hace muchos años en nuestra sociedad, y si no lo remediamos, no tienen buena pinta a donde nos llevarán.

    Vuelvo a recordar la respuesta de la máxima representante de Económicas-UVA, ante la pregunta a los alumnos en una conferencia: ¿Cuál es el fin de una empresa?, como os podréis imaginar la respuesta mayoritaria de los alumnos, fue: ¡Ganar Dinero!, a lo que esta persona corrigió rápidamente, indicando: ¡El fin de una empresa es generar valor a la sociedad!. Y yo añado, ganar dinero en una empresa es una necesidad, dado que si no lo hace, más pronto que tarde le toca cerrar.

    Hay que reconfigurar el propósito de las empresas, dando respuesta a todos sus grupos de interés (no solo a la propiedad y accionistas), y proponer nuevos valores como norma de su actuación, como por ejemplo: Dignidad Humana – Solidaridad y Justicia – Sostenibilidad Medioambiental – Transparencia y Participación Democrática.

    El pasado debe servirnos para aprender de sus errores, no como una nostalgia de algo que nunca volverá, y este nos indica que los valores que actualmente nos mueven, no funcionan, por tanto no esperemos resultados diferentes haciendo lo mismo.

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