Las características genuinas de Etiopía, que convierten a su nación en única en el mundo, se perciben en la mirada altiva de sus habitantes, que se saben el pueblo elegido, descendientes del Rey Salomón y la Reina de Saba, según cuenta la leyenda. Sus históricos conflictos armados, sus inestables gobiernos y su pobreza extrema no les impide presumir de un orgullo y dignidad cuando te miran a los ojos.
La grandeza de sus anales, que se remonta a una civilización de más de 3.000 años de antigüedad, explica la existencia de algunas de sus ciudades más majestuosas situadas en el norte del país, como es el caso de Gondar. Con más de 300.000 almas y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, durante 200 años fue la residencia imperial y capital de Abisinia bajo el reinado del emperador Fasíledes, que mandó construir castillos, iglesias y baños de inspiración medieval en pleno siglo XVII.
En la conocida como la Camelot negra, se conservan los vestigios de uno de los grandes reinos africanos, ya que en su momento de máxima expansión llegó a incluir el actual territorio de Yibuti, partes de Somalia, Sudán, Egipto, Yemen y Arabia Saudí. De sus 7 siglos de historia, entre 1270 y 1975, se conserva un escenario medieval insólito: un recinto que agrupa palacios y dependencias de hasta 6 emperadores. Es la ciudadela de Fasil Ghebi, un recinto amurallado del siglo XVII de unos 70.000 metros cuadrados. Fue capital de Etiopía hasta mediados del XIX y representa un ejemplo único de arquitectura, por su mezcla de influencias árabes, nubias, indias y barrocas -estas últimas introducidas por misioneros jesuitas, como el español Pedro Páez-, llamado precisamente estilo de Gondar. A mediados del XIX, el emperador Teodros incendió la ciudad en represalia a sus habitantes por no aceptarle como emperador, pues no le perdonaban que no tuviera sangre real. Ya nunca volvió a ser la capital.

Antigua capital imperial
En este complejo, se puede visitar Kuskuam construido como residencia para la emperatriz Mentewab en 1730, la Iglesia de Debre Berhan Selassie, una de la más célebres de Etiopía, con su techo profusamente decorado con decenas de querubines, y los castillos de la ciudad imperial, donde se encuentran los baños de Fasíledes rodeados de un recinto amurallado con una especie de estanque en el centro que se llena de agua en algunas ceremonias, como la Epifanía. Pese a encontrarse en reconstrucción, a la ausencia de visitantes y a la pertinaz lluvia, nada ensombrece la grandeza de la antigua capital de Abisinia; ubicación que, por cierto, inspiró a J.R. Tolkien para crear en la saga del El señor de los Anillos, el enclave de Gondor, que en el idioma de los elfos significa Ciudad de Piedra.
El poderío que simboliza esta ciudadela bien puede ser una de las causas por las que Etiopía fue el único país africano que nunca fue colonizado. Fue precisamente Teodros quien encarna la imagen de la resistencia de su pueblo ante los extranjeros. Como recuerda el periodista y escritor Javier Reverte, “5 veces entraron tropas invasoras en Etiopía en el curso de 2.000 años: los árabes de Gragn en 1541, que en 2 años fueron derrotados; los ingleses de Napier en 1868, que se retiraron en menos de 1 año; los egipcios en 1875, que no lograron más que ocupar Haer, de donde se fueron en 1884; los italianos en 1896, derrotados estrepitosamente por Menelik II en Adua, en la provincia de Tigray, en la primera batalla entre los 2 ejércitos; y de nuevo los italianos de Mussolini, que entraron en el país en 1935 y fueron expulsados en 1941”. Y es que los etíopes siempre ha sido un pueblo entrenado para la guerra, por las múltiples batallas que han librado entre sí por la lucha por el poder del imperio. La historia atestigua que sólo se unían para rechazar las incursiones de las fuerzas extrajeras.
Uno de los sucesores de Menelik, el emperador Haile Selassie, aprovechó su victoria ante los italianos para impulsar la creación de la Organización de la Unidad Africana (OUA), ahora Unión Africana, que tiene su sede en la capital de Etiopía, Adís Abeba, una de las ciudades con más embajadas del mundo. “Nuestra libertad no tiene sentido a menos que todos los africanos sean libres”, dijo Selassie en el lanzamiento de la OUA en 1963, etapa en la que gran parte del continente todavía estaba gobernado por potencias europeas. Selassie invitó a quienes lideraban la lucha contra el colonialismo a recibir permiso de residencia, incluido Nelson Mandela de Sudáfrica, a quien se le otorgó un pasaporte etíope, que le permitió viajar por África en 1962. Mandela escribiría más tarde sobre esta experiencia: “Sentí que estaba visitando mi propia génesis, desenterrando las raíces de lo que me convirtió en africano”.
El emperador Haile Selassie
El último emperador etíope nació en 1892 con el nombre de Ras Tafari, aunque al ser coronado adoptó el de Haile Selassie. Tafari era el hijo de un colaborador del emperador Menelik II, uno de los gobernantes más importantes de la historia de Etiopía. Desde la infancia, su inteligencia impresionó al emperador, quien facilitó que tuviera una carrera política. Cuando en 1930 murió la hija de Menelik II, la emperatriz Zuditu, Tafari fue coronado emperador, en una celebración a la que acudieron reyes y representantes de todo el mundo. Tanto fue así que la revista Time dedicó su portada al nuevo emperador, convertido en un fenómeno global. Tras su coronación, Selassie encargó la primera Constitución escrita de Etiopía, en la que se proclamó en su segundo artículo como puro salomónica, pero lo cierto es que no había en su sangre ni una gota precedente de los reyes anteriores a Melelik II. La Carta Magna restringía en gran medida los poderes del Parlamento, lo que en la práctica suponía que él era el gobierno del país. La sucesión al trono se limitó sólo a sus descendientes y, según la Constitución, la persona del emperador era “sagrada, su dignidad inviolable, y su poder indiscutible”.
Se consideraba el último descendiente de la dinastía salomónica, el Rey de Juda, Rey de reyes. Uno de los mejores libros escritos sobre este controvertido personaje que fascinó a occidente hasta su declive tras la hambruna acaecida entre los años 1972 y 1974 que acabó con la vida de alrededor de 80.000 etíopes y socavó su popularidad personal, fue escrito por el mejor periodista del siglo XX, el polaco Ryszard Kapuściński y titulado El emperador. Selassie fue depuesto en 1974 por la Junta Militar que le acusaba de haber dañado la autoridad y el honor al trono, utilizándolo solamente para fines personales mientras que hundía a su pueblo en la miseria. El 27 de agosto de 1975, el depuesto Negus de Etiopía, Haile Selassie, moría en circunstancias no aclaradas a los 83 años. Oficialmente se declaró que falleció por complicaciones de una operación de próstata, pero sus partidarios aseguran que fue asesinado por orden del teniente coronel Mengistu Mariam, que más tarde se convertiría en el hombre fuerte del comunismo etíope.
Los rastafaris
Así, la estirpe de los salomónicas desapareció para siempre de la historia etíope, casi 3.000 años después de que comenzara su leyenda. Sin embargo, Selassie siguió en la mente de los etíopes y sobre todo de los rastafari que lo adoraban como a un dios, del tal manera que ése es el motivo por el que adoptaron su nombre de nacimiento Ras Tafari. Gran parte de esta creencia se debe a la profecía del influyente líder de los derechos de la población africana en Jamaica, Marcus Garvey, quien estaba detrás del movimiento Back to Africa (De vuelta a África) y en que 1920 dijo: “Miren a África cuando un rey negro sea coronado, porque el día de la liberación está cerca”. Una década más tarde, cuando Ras Tafari (o Jefe Tafari) fue investido como Haile Selassie I de Etiopía, muchos en Jamaica vieron cómo la profecía se cumplía, y nació el movimiento rastafari.
Basado en la resistencia contra la opresión, la identidad africana y la fe en el emperador al que consideraban la reencarnación de Dios, su difusión internacional vino de la mano de la leyenda del reggae Bob Marley y su canción War, donde cita el discurso del emperador etíope ante la Asamblea General de la ONU en 1963, en el que pidió la paz mundial. “Hasta que la filosofía que sostiene que una raza es superior y otra inferior sea finalmente y permanentemente desacreditada y abandonada… hasta ese día, el continente africano no conocerá la paz”, dijo Selassie. En otro álbum de Marley titulado Exodus, el genial cantante también refleja el deseo rastafari de regresar a África, el lugar que millones de personas se vieron obligadas a abandonar durante el mercado transatlántico de esclavos. Hoy en día, una comunidad rastafari vive en la ciudad de Shashamene, 225 kilómetros al sur de Adís Abeba, en tierras otorgadas por Selassie cuando viajó a Jamaica en 1966 y fue recibido como una divinidad. Y es que con o sin sangre salomónica es sus venas, los etíopes se saben genuinos y herederos de una tradición legendaria, que revela el destello de su mirada.