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Elon Musk, lecciones de un visionario

Por: Alberto Cagigas, director de Castilla y León Económica
Elon Musk
“Musk conjuga inteligencia y sobre todo mucha pasión por lo que hace”.

En una época de grandes incertidumbres, donde a los empresarios y directivos les resulta casi imposible diseñar planes estratégicos a medio plazo y a los economistas predecir la evolución de la economía, existen muy pocas personas que, en vez de esperar a los acontecimientos para actuar en consonancia, sencillamente inventan el futuro y marcan el rumbo. Y uno de ellos es Elon Musk, de quien Walter Isaacson ha escrito una brillante biografía, tal como hizo con Steve Jobs.

Tras su lectura, quiero compartir algunas reflexiones sobre alguien que ha sido capaz de revolucionar los sistemas de pago (PayPal), la industria automovilística (Tesla), la aeroespacial (SpaceX), la inteligencia artificial (antes con OpenAI y ahora con X.AI), los servicios de internet con satélites de comunicación (Starlink), la implantación de chips en el cerebro para fusionar la mente de los humanos con los ordenadores (Neuralink), el transporte de personas en cápsulas que viajan por túneles (la fracasada Hyperloop) o el desarrollo de robots humanoides (Tesla Bot), entre otros negocios, y que además tiene tiempo -no sé de dónde lo saca-, ganas y dinero (44.000 millones de dólares) para comprar la red social Twitter (ahora rebautizada como X). Todas estas empresas, pese a la diversidad de sus actividades, tienen un denominador común: la implicación personal de Musk en su gestión.

Atracción de talento

Uno se pregunta por qué un joven que nace en Sudáfrica acaba triunfando en EE UU, y no en otra parte del mundo, como la vieja Europa, China o Rusia. La respuesta, una vez más, es la capacidad de EE UU para atraer a los talentos más ambiciosos y emprendedores gracias a su cultura del esfuerzo y del self-made man.

Esa mentalidad, implantada en un ecosistema político y cultural que favorece los negocios, permite a un joven emigrante que sale de su país con 4.000 dólares, de los que la mitad eran cheques de viaje, fundar empresas punteras, generar miles de empleos y de paso llegar a ser el hombre más rico del mundo. Como reflejo de esa filosofía de vida, Isaacson recuerda que uno de los más estrechos colaboradores de Musk pidió con 12 años a sus padres que le regalaran algo de Apple. Y no se refería a un ordenador, sino a acciones de la empresa de la manzana. Su madre, que tenía una pequeña tienda de lencería, le compró 10 acciones de Apple por 300 dólares, que hoy en día podrían tener un valor de más de 500.000 dólares (el directivo todavía no las ha vendido).

Adversidad

“Me modeló la adversidad”, confiesa Musk, quien tiene aversión a la satisfacción al no dejar de resaltar que “cuando has tenido éxito durante bastante tiempo, pierdes el deseo de correr riesgos”. Con una tolerancia alta a las situaciones críticas, Musk conjuga inteligencia y sobre todo mucha pasión por lo que hace, una pasión que le lleva a dormir en ocasiones bajo el escritorio en los despachos de sus empresas para estar más tiempo al frente de los proyectos, pernoctar en una tienda de campaña instalada en el techo de una de las fábricas de Tesla en Nevada hasta alcanzar los niveles de producción marcados como objetivo o desdeñar las vacaciones.

Y, también, claró está, es un visionario al marcarse metas que parecen imposibles, como el reto de que la humanidad pase de ser una especie uniplanetaria a multiplanetaria. En uno de sus escasos discursos públicos, aseveró: “tiene que haber cosas que nos inspiren y nos conmuevan. Una de ellas es ser una civilización espacial y la otra convertir la ciencia ficción en no ficción”.

Plazos cortos

De su caótico modelo de gestión, caótico porque de su cabeza surgen ideas y proyectos de manera tan rápida que resulta muy complicado ejecutarlas a la misma velocidad, se pueden aprender varias lecciones, que a lo mejor sirven para aplicar a nuestros negocios, mucho más terrenales. Así, Musk defiende fijar descabellados plazos cortos para lograr sus objetivos con el fin de motivar y presionar a sus equipos para conseguirlos. También cuestiona todos los requisitos que regulan una actividad. “¿Quién ha redactado eso”, le gusta preguntar pues para él los reglamentos son sólo recomendaciones al considerar que los únicos requerimientos inmutables son las leyes de la física.

También maneja el concepto del Índice Idiota, que mide cuánto más caro es un producto terminado que el coste de sus materiales. Si un producto tiene un elevado Índice Idiota, significa que su coste podría reducirse bastante mediante técnicas de fabricación más eficientes.

Su obsesión por reducir al máximo los costes le llevó a fabricar el mayor número posible de componentes de los modelos Tesla en lugar de comprárselos a los proveedores, lo que fue un acierto en la crisis global de la cadena de suministro del bienio 2021-2022; y en SpaceX llegó a fabricar el 70% de los componentes de los cohetes. En su opinión, con la globalización EE UU cometió el error de deslocalizar sus fábricas, por lo que defiende, con su ejemplo, un proceso de reindustrialización y relocalización industrial.

Revolucionar industrias históricas

Su imaginación ha revolucionado industrias que parecían inamovibles, como la automoción y la aeroespacial. Para Musk, Tesla no es una compañía de coches, sino que es una empresa energética, tecnológica y cada vez más volcada en la Inteligencia Artificial. Y respecto a los cohetes, fue capaz de diseñar astronaves rentables al aumentar su fuerza propulsora, reducir su masa y hacerlos reutilizables para optimizar el coste de cada kilogramo de carga útil. En la actualidad, SpaceX lanza más cohetes al año que cualquier nación del mundo (incluidas EE UU y China).

A este revolucionario empresario le gusta juntar a los diseñadores con los ingenieros y a éstos con los trabajadores, para que tengan una visión global del producto y de los retos para fabricarlo; y a la hora de contratar personal, prima la actitud sobre el currículum porque quiere gente que se entregue al 100% pues él mismo desdeña el concepto de equilibrio entre el trabajo y la vida familiar (ámbito en el que también ha optimizado su tiempo: tiene 11 hijos).

Algoritmo basado en 5 principios

En resumen, en todas sus compañías aplica un algoritmo basado en 5 principios:
1- Pon en cuestión todos los requisitos de las especificaciones.
2- Elimina tantas partes del proceso como sea posible.
3- Simplifica y optimiza.
4- Acelera el tiempo de los ciclos y de los proyectos.
5- Automatiza al máximo.

Como escribe Isaacson, la vida de Elon Musk es “un cóctel de logros transformadores para la historia y de fracasos colosales, promesas incumplidas e impulsos arrogantes. Han sido épicos tanto sus logros como sus fracasos”. Desde luego, se trata de una fuerza de la naturaleza capaz de revolucionar y transformar nuestro mundo persiguiendo el ideal de convertirnos en una civilización multiplanetaria. El sueño de aquel niño sudafricano con una infancia muy complicada y violenta empieza a tener visos de realidad.

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