Ya está aquí la pandemia económica

Por Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta de Castilla y León
Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta.
Carlos Martín Tobalina, viceconsejero de Economía y Competitividad de la Junta.

La economía está enferma, muy enferma. Vivimos de lleno inmersos en una crisis inflacionaria. La inflación no es una enfermedad de la economía, es el síntoma de la enfermedad del ciclo económico, es la fiebre que refleja que existe una infección en la economía. Esa inflación (fiebre) es más alta en España que en otros países de mercado (desarrollados) porque el sistema inmunológico de España es más endeble, más débil que el del resto de las grandes economías, más expuesto y sensible a males endémicos de la economía y mucho más dependiente de sectores económicos no productivos.

Los virus económicos de origen conocido que han causado la infección de la economía y cuyo síntoma de la misma es la inflación son básicamente 4:

  • Política monetaria mundial expansionista durante los últimos 12 años en fases preCovid, Covid y postCovid. Si en la fase Covid el incremento de la oferta monetaria tenía todo el sentido para sujetar la economía, la barra libre de oferta monetaria por parte de los grandes Bancos Centrales antes de la pandemia como respuesta a la crisis económica financiera anterior, y después de la pandemia durante el último año (2021), han llevado a los Estados y a sus bancos centrales a volcarse en una carrera sin límite en la emisión de moneda para poder crear dinero sin una cobertura clara, y destinarlo al gasto público para sostener los servicios del Estado de Bienestar que se veían amenazados por el hundimiento de la actividad en los confinamientos. Esta oferta de dinero (la mayor de la historia contemporánea) tiene un efecto directo sobre la subida de los precios. Siempre ocurre así. El problema surge cuando esa subida de precios no es controlable por el propio sistema económico, como es el caso que sufrimos ahora mismo.
  • Crisis de la distribución mundial y de las materias primas. Los confinamientos, el incremento en los precios de los carburantes, la demanda de productos tecnológicos, las tensiones bélicas, el proteccionismo y la dependencia de países terceros que han bloqueado sus vías de transito internacional son factores que han afectado a la distribución de productos (por ejemplo, semiconductores) y de las materias primas, y han afectado a la oferta de los mismos. Menor oferta, mayores precios ante una demanda mayor.
  • Crisis energética mundial, en parte artificial. Especialmente acusada en Europa, especialmente grave en España. Ante la subida de precios sobre gas y petróleo por tensiones prebélicas y bélicas, aquellos países que han ido desmontando otras tecnologías de soporte en su territorio (nucleares, carbón,…) se ven abocados a un incremento en sus precios energéticos ya que la energía renovable carece de tecnología de acumulación que pueda hacerla autosuficiente para el suministro.
  • La invasión militar rusa en Ucrania, cuyos efectos directos tensionan al mercado energético al alza (especialmente el europeo).

Medidas para contener la inflación

Por lo tanto, tenemos en la economía un síntoma doloroso de la enfermedad que se concreta en una alta inflación (fiebre) del entorno ya de los 2 dígitos. Detectada la enfermedad, vamos con los tratamientos. Al ser la inflación tan alta y al ser estructural y no coyuntural, las medidas paliativas (tratamiento para minorar los síntomas de la infección) a implantar contra la enfermedad deben ser profundas en el corto plazo para detener esta inflación. Estas medidas, según la propia teoría monetaria, se basan en 3 pilares:

  • Subidas de los tipos de interés: para restringir la circulación de capital y drenar la liquidez. La FED norteamericana ya ha iniciado esa carrera y la UE en menor medida también. Antes de fin de año habrá más subidas de ambos territorios. Ya se han anunciado por ambos Bancos Centrales aún en situación de recesión de la economía. En EE UU la decisión ha sido de una subida rápida para detener el ritmo de crecimiento en inflación. En La UE, el proceso será más lento, como siempre. Sin embargo, cuanto más tarde la UE en tomar esa medida, los efectos secundarios pueden dañar más si cabe el sistema económico de la Eurozona, como veremos posteriormente.
  • Retirada de estímulos públicos en la oferta monetaria: los Estados comprarán de forma progresiva menos deuda y a menos velocidad, lo que afectará a la financiación soberana y pondrá tensiones sobre determinadas primas de riesgo de Estados más endebles, como el español. Este proceso ya se viene dando en EE UU desde finales del 21 y en la UE desde el segundo trimestre del 22.
  • Reducción de activos públicos en los balances de los bancos centrales: no sólo no comprarán más deuda, los bancos centrales venderán la deuda de Estados y corporaciones para deshacerse de los activos (bonos,…) públicos que van perdiendo valor.

Estas 3 medidas monetarias afectan a la liquidez del sistema económico mundial, a la solvencia de las entidades financieras, al riesgo de financiación de los países, a los mercados de valores (caída de las bolsas), endurecerán el crédito corporativo y soberano, y apuntan a una ralentización de la economía, proceso que ya viene ocurriendo desde hace más de un año al margen del rebote postCovid y a la recesión posterior (en la que ya están varios Estados).

Exigencia de garantías para la refinanciación de la deuda

Evidentemente, ante el más que presumible proceso de revisión de deudas públicas internacionales, los grandes agentes financiadores internacionales (públicos y privados) exigirán garantías para la refinanciación de la deuda. Hacia este escenario es hacia donde España va directa cada vez a más velocidad. Sin embargo, las medidas paliativas para reducir la fiebre, bajar la inflación, tienen en la economía efectos secundarios muy dolorosos. De la inflación sólo se sale con dolor.

La subida de los tipos induce un enfriamiento de la economía y una más que posible recesión, y la diferencia entre bloques económicos de mercado (Eurozona y EE UU) en la velocidad de subida de los tipos de interés para intentar controlar la inflación, afecta directamente a un debilitamiento del euro en relación al dólar. Esa pérdida de valor de nuestra moneda impacta en la competitividad de la economía de la Eurozona. Lo que a corto plazo puede verse como una oportunidad para exportar más a economías dolarizadas, en el medio plazo se verá afectado por la pérdida de márgenes de contribución de nuestras empresas que están más expuestas a la importación de insumos en dólares.

¿Será suficiente el tratamiento paliativo para bajar la inflación (fiebre)? La mala noticia es que no se sabe con certeza, y lo que se empieza a intuir es que no serán suficientes estas medidas y los efectos secundarios de este tratamiento de la enfermedad pueden ser más nocivos de lo esperado o deseado, diría yo.

Las medidas paliativas, en definitiva, no buscan otra cosa que el enfriamiento de la demanda a todos los niveles para poder controlar el precio. Inducir un enfriamiento de la economía para controlar los precios. Esta recesión en puertas de la Eurozona tiene el riesgo muy certero de afectar al empleo y de contagiar a nuestro sistema financiero (nos empieza a sonar la música, ¿verdad?). Las entidades financieras, ante el riesgo de morosidad e impagos, reforzarán su solvencia y endurecerán las financiaciones y refinanciaciones.

Por otro lado, la UE tiene una guerra militar-económica a sus puertas, tiene una endeblez en su sistema energético que no permite tomar decisiones sobre tecnologías de soporte energético alternativo (en España esta situación es especialmente grave), tiene una moneda que se ha depreciado y que le permitirá exportar más pero en peores circunstancias, es decir, con menos márgenes sobre sus ventas porque seguirá produciendo en euros e importando con una moneda más débil, lo que afectará a una menor producción y a la pérdida de empleo. Es decir, se producirá menos, se fabricará menos, se reducirá la oferta.

Es ahí donde entran las medidas más propagandísticas que se anuncian desde distintos Gobiernos europeos. Desde el ataque al mercado con la creación de sistemas de topes de precios que sólo afectarán a medio plazo a un encarecimiento de los mismos aún mayor o a la creación de mercados alternativos, hasta el anuncio de bajadas masivas de impuestos, como acaba de hacer el Reino Unido, pero a costa de financiar esa bajada con mayor endeudamiento, lo que ha hecho caer la libra a niveles históricos. Seguiremos a buen seguro asistiendo a ceremonias de confusiones de ideas brillantes muy al margen de las fuerzas del mercado.

Las medidas preventivas, los tratamientos directos sobre la enfermedad (los virus) a los que hacía alusión, las vacunas que se proponen para esta gran enfermedad económica son, por un lado, el control de las cuentas públicas en un equilibrio que no provoque más inflación; por otro lado, el retorno a una paz económica mundial con la vuelta a la globalización más razonable, es decir, más mercado y menos proteccionismo, y por último, un mix energético razonable con más oferta de tecnología, respetuoso con las políticas medioambientales, pero a su vez desprovisto de una politización y sectarismo que ha reducido la oferta energética para colocarnos a merced de las tensiones alcistas de la oferta de gas, uno de los motivos económicos de la guerra.

Habría otra cuarta medida por la que suspiramos y/o rezamos por cuestiones humanitarias, sociales y económicas: el fin de la guerra.

En cuanto a las medidas/palancas que tenemos desde una autonomía para incidir sobre la economía de nuestro territorio en fase de crisis pandémica y que implantamos, están las siguientes:

  • Reducción de la presión fiscal al máximo posible para compensar el incremento de costes y favorecer el ahorro y la inversión.
  • Financiación a empresas: asegurar que no haya proyecto empresarial sin ser garantizado en su financiación con instrumentos regionales, ya que la financiación se va a encarecer e incluso cortar en algunos casos.
  • Internacionalización: incrementar la base de empresas que salgan al exterior para compensar la ausencia de mercado interior.
  • Captación de proyectos exteriores en territorios de la comunidad autónoma.
  • Plan de digitalización y modernización tecnológica de todas nuestras empresas para superar la brecha digital regional y para aprovechar nuestro capital humano.
  • Presupuestos equilibrados, primando las inversiones e infraestructuras que puedan favorecer la implantación de proyectos empresariales sobre las que ya se trabajan. En toda crisis, las empresas más solventes invierten en capacidades para salir de la misma con más fuerza. Hay que aprovechar ese proceso para captar inversiones y acompañar e impulsar a los proyectos generadores de riqueza y empleo que ya están en marcha.
  • Desburocratización decidida y total de la relación entre Administración autonómica y empresas.

Durante los próximos meses seremos testigos de todo este proceso que vive nuestro sistema económico, leeremos artículos y titulares muy interesados y lamentablemente provistos de carga propagandística o de relato único al servicio de una única teoría que se trata de implementar e incluso imponer. La realidad, me temo, es algo distinta y el mercado con sus fuerzas marcará el camino para la evolución económica.

En la medida en la que las autoridades y agentes económicos de más peso en la economía tengan claro un diagnóstico desprovisto de otros intereses, se podrá establecer un mecanismo de recuperación sobre este ciclo que nos ha tocado vivir y gestionar.

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