La isla de las tentaciones

Por: Félix Alberto Sanz
"No voy a criticar decisiones políticas tomadas en España sobre la pandemia".
“No voy a meterme a criticar decisiones políticas tomadas en nuestro país sobre esta mierda de pandemia que estamos sufriendo”.

No puedo negarlo, me encanta ver a esas personas que habitan en esa isla, juntas, con ropa ligera, bronceados, sin distancias de seguridad ni mascarillas y, en ocasiones, exaltados de alegría, abatidos por momentos de tristeza, frustrados a ratos y experimentando nervios por el qué pasará y cuál será el desenlace de lo que están viendo y viviendo, aumentados por la impotencia de que no lo pueden controlar. Es como si vivieran en un planeta distinto al nuestro. Y he reconocer que siento verdadera envidia al verlos, pues desearía fervientemente ser uno de ellos.

Obviamente, estoy hablando del público que está asistiendo a las pistas del Open de Australia.

No soy experto en política (vamos, ni un principiante) para opinar sobre lo que ha hecho el gobierno australiano para que su gente pueda disfrutar de cosas que nosotros anhelamos, pero creo que algo sí puedo aportar sobre los procesos de toma de decisiones.

Decidir es renunciar

Partamos de una premisa, decidir es renunciar. Cada vez que una persona toma una decisión, personal o profesional, le afecte simplemente a él o a numerosas personas, está renunciando a aquellos aspectos a los que accedería en caso de optar por otra alternativa. Por eso, dos de las fases más importantes de la toma de decisiones, son aquellas que apenas nos percatamos y menos importancia damos: la ejecución de la decisión tomada y el afrontamiento de las consecuencias que no deseamos de lo decidido.

Los últimos estudios acerca de toma de decisiones nos vienen a decir que cuanto antes decidamos y antes ejecutemos lo decidido, mejor, pues mayor ventaja competitiva tendremos en caso de acierto.

Imagino, de nuevo desde el desconocimiento, que el gobierno de Australia tomó una serie de decisiones de manera rápida y renunciando a varias situaciones deseables en el corto plazo (por ejemplo, efectos económicos o pérdidas de empleos). El haberlas ejecutado con celeridad y firmeza les proporciona ahora una ventaja competitiva obvia frente a la mayor parte del mundo. Es más, buena prueba de ello es que la semana pasada, ante un mini brote aparecido en un hotel de Melbourne, rápidamente ejecutaron medidas de aislamiento y, entre otras muchas medidas, prohibieron durante 5 días la asistencia de público al evento deportivo con el que comenzaba mi reflexión. Esa decisión, firme y tomada con celeridad, ha facilitado que hoy mismo yo sienta autentica envidia al ver a esas personas en las gradas.

Decisiones políticas

Y de nuevo, porque no sé, no voy a meterme a criticar decisiones políticas tomadas en nuestro país sobre esta mierda de pandemia que estamos sufriendo (pues seguro que los factores, normativas, leyes,… son muy complejos), pero sí creo que puedo decir abiertamente que no se han tomado decisiones rápidas, desde luego que las ejecuciones de muchas de ellas no han sido firmes sino más bien bastantes laxas y cambiantes y que, en lugar de afrontar que lo decidido nos hace renunciar a otras cosas -en el corto plazo especialmente-, hemos ido cambiando, cual veleta, según ha ido soplando el viento (por ejemplo ¿cuál ha sido, es o será el criterio acerca de las mascarillas y las que son recomendables o no?).

Y todo esto tiene un impacto directo en nosotros, los ciudadanos, que va desde que yo mañana no pueda ir al José Zorrilla a ver a mi Pucela contra el Madrid, mientras muchos afortunados sí podrán ver en vivo la final del domingo entre Djokovic-Medveded; hasta que en Australia hayan fallecido 909 personas con Covid y en España 66.704.

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